La puta del pastor de la iglesia
Soy una chica muy joven, de 20, recién casada, recatada, fiel servidora de la iglesia de mi Congregación, cristiana evangelista. Dentro de poco me voy a convertir en monja para dedicarme por entero al servicio del Señor.
Debo aclarar que mi boda fue un arreglo entre mis padres y Don Aurelio, el viejo hacendado de los más ricos del pueblo, un hombre mayor que no me toca y por eso aun me conservo algo virgen.
Si algo, aunque parezca extraño. Hace unos meses tuve cierto desliz con mi Pastor, el cual me convenció de entregarme a él, como representante sagrado en la Tierra, para demostrarle a dios que en verdad estaba preparada para entrar al servicio del Señor.
No recuerdo bien como fue, pero creo que el buen Pastor me dio algo de tomar que me puso loca de excitación, así que cuando el hombre me lleva a su habitación y me empieza a tocar, yo ya estaba al borde del colapso, agitada, nerviosa, me escurrían los jugos anticipando un enorme placer, así que, sin más, me le entregue.
Les confieso que la situación no paso a mayores, dado que el buen Pastor tenía un pequeño pene de apenas unos cms, por lo que no alcanzo a mancillarme del todo, apenas si me robo un poco de mi virginidad, ya que aun conservo lo demás.
Él quería estar conmigo casi a diario, así que me llevaba a su habitación después de misa para meterme el cuerpo del Señor y para que yo hiciera suficientes méritos para poder convertirme en monja, según el, pero sin embargo no tenía la hombría necesaria para complacer a una mujer tan devota y ardiente como yo.
El caso es que algo supieron mis papas, así que, para ocultar mi deshonra, me casaron con don Aurelio, hombre muy ocupado, siempre fuera por negocios, así que ni luna de miel hubo, ya que solo era un compromiso con mis padres.
Al poco, cambiaron al Pastor, ya que se encontraba algo delicado y el clima del lugar no le favorecía. Así que, en su lugar llego el Padre Agapito, un hombre alto, de buen físico, algo mayor como de 65, pero bien conservado.
Al principio me daba pena confesarme con él, ya que, siendo nuevo, no había tanta confianza, como con mi Pastor anterior. Así que, trataba de mantenerme alejada del confesionario hasta que algo ocurrió que me sentí obligada a decírselo.
Así que ese Domingo, como todos los días, me fui a la iglesia y esperé a que la misa terminara para hablar con él.
Como le dije que era algo bastante delicado, se ofreció a llevarme a su habitación para que le platicara con más confianza mi problema.
~A ver hija, ven siéntate aquí y cuéntame que te tiene tan preocupada. No te había visto por acá.
Me decía al tiempo que me devoraba con la mirada. A pesar de ir vestida de lo más recatada, bajo mi vestimenta se me dibujaba mi silueta, y se adivinaba que me cargaba un par de piernas y nalgas de infarto, lo que, en la calle, hacían voltear a todos.
Además, se notaba claramente el par de tetas que me cargaba, medianas, redondas y bien paradas, y que con el frio del lugar, los pezones se me paraban, haciendo ver, en conjunto, mi tremendo cuerpazo.
Yo estaba acostumbrada a las miradas ardientes de todos los hombres, desde más chica, así que eso para mí era de lo más natural.
Me acerque al padre observando su mirada recorrer todo mi cuerpo de arriba a abajo, con cara de incredulidad.
(Pero que bárbara, pensaba el Padre, esta niña sí que esta buenísima, donde se había metido que yo no la había visto, Pero que piernas, que nalgas, que tetas, ufff)
Me acerqué sonriendo y me senté con total confianza junto a él, tal como me lo había pedido y empecé a confesarme acerca de lo que me pasaba.
~Padre, he pecado, anoche fui al cine y de repente, entre lo semioscuro y la luz de la pantalla, vi a una pareja cerca de mí, que se abrazaban y besaban con gran pasión.
~Sí? ¿Qué más hija?
~Pues resulta que la chica le tenía tomada su verga con la mano y se la frotaba. Y el chico se retorcía de placer, así que le empezó a manosear las tetas llegando incluso a chuparle los pezones. Entonces la chica también se retorcía de placer.
~Pero eso no es grave hija, me decía el Padre con tono conciliador, como para que no me preocupara demasiado por ese asunto, pero se notaba que le empezaba a crecer el bulto debajo de la sotana.
~No Padre, ese no es el problema, le aclaraba.
~Entonces que hija? Dime.
~El pecado que le quiero confesar es lo que yo sentí al momento de estarlos mirando. Estoy muy avergonzada Padre, por favor perdóneme. Suplicaba sollozando.
El buen hombre paso un brazo sobre mis hombros recargándome sobre su pecho, tratando de consolarme.
~A ver hija, cuéntame, ¿qué fue lo que sentiste?
~Esto es demasiado vergonzoso para mi Padre, decía sin dejar de sollozar.
~No te preocupes hija, para eso estoy yo aquí, para escuchar, habla con total confianza, ni yo ni el Señor te vamos a juzgar, todos somos hijos de dios. Continua.
~Ya agarrando cierta confianza con el Padre Agapito, le empecé a contar mi experiencia.
~Pues resulta Padre, que al poco de estarlos observando, empecé a sentir cosas extrañas, sentía un tremendo calor, especialmente entre las piernas, más tarde en los senos, era algo realmente inexplicable.
~Continua hija, me decía, ya con cierta excitación en su voz. Y su bulto estaba ya queriéndose salir de la sotana.
~Pues tuve pensamientos impuros Padre, me sentí totalmente desconcertada, padre, en un momento dado, me dieron ganas de ser yo la que estuviera con el chico, en lugar de ella y de pronto sentí como se me humedecía todo entre las piernas y hasta se me mojaron las pantaletas.
~Perdóneme Padre, porque he pecado, continuaba yo sollozando.
~En verdad necesito que me perdone, yo quiero ser monja y no quiero tener que luchar contra esos pensamientos. Ayúdeme, Padre, se lo ruego.
~ ¿Así que deseas ser monja, hija? Me preguntaba con cierta malicia.
~Si Padre, ayúdeme, se lo pido por favor.
~Está bien, solo que hay cosas que no comprendo, así que sería bueno que me explicaras todo nuevamente, pero con todo detalle, para que yo pueda darme cuenta de la magnitud de tu pecado.
~Está bien Padre. ¿Qué debo hacer?
~Primero tómame como viste que le tomaban al chico, decía tragando saliva y tratando de mantener la serenidad, al tiempo que ya, sin poderse contener, se sacó su enorme verga y ....... fin de la primera parte........