Le alquilo un novio a mi amiga para desvirgarla por $$
Alba siempre fue la gordita del grupo. La que escuchaba los problemas de sus amigas. El apoyo de todas. La que escuchaba y consolaba cuando las demás dejaban o eran dejadas por sus novios. Ella nunca lloraba por eso. Simplemente porque nunca tuvo novio
No era una chica fea. Más bien al contrario. Pelirroja, de piel blanca. Pero su exceso de peso era un lastre que la marcó desde niña, haciéndola retraída. Sobre todo con los chicos. Se sentía mal delante de ellos. Todas sus amigas tenían pareja. Todas menos ella.
Algunos chicos sí que intentaron un acercamiento. No les importaba que fuese algo gordita. Parecía una buena chica, de cara bastante agradable. Pero ella, o más bien su profunda timidez, los espantaba.
Sólo María, su amiga más íntima, la única que de verdad la conocía, sabía lo que Alba sufría. Trató muchas veces de ayudarla, pero nunca consiguió sacar a Alba del pozo en que ella misma se había metido.
-Coño, Alba. ¿Por qué le dijiste que no a Paco? Es un buen chico. Sólo te invitó a ir al cine.
-Es que…no me gusta.
-¿Cómo que no te gusta? Pero joder, Albita. ¿Cómo te va a gustar nadie si no le das a nadie una oportunidad?
Conversaciones parecidas tenían las dos amigas cada vez que Alba rechazaba las proposiciones de algún chico. Hasta que llegó el momento en que los chicos dejaron de proponerle nada. No quedaban más en su círculo a los que rechazar.
-Te vas a quedar para vestir santos, Albita.
-Déjame María.
-Ay, ¿Qué voy a hacer contigo?
Estaban en casa de María. Había llamado a Alba para contarle algo
-Bien. ¿Qué me querías contar?
-Anoche lo hice
-¿El qué?
-Coño Albita. El que va a ser. Me acosté con Iván. Ya no soy virgen.
-Wow. Al fin te decidiste. Cuenta, cuenta.
María llevaba saliendo con el tal Iván un par de meses. Ya le había contado a Alba que él quería hacerlo casi desde el primer día, pero que ella no estaba segura. Le contó la primera vez que se besaron. La primera vez que él le metió mano. Como la masturbó hasta hacerla tener un rico orgasmo y como después ella lo masturbó a él hasta hacerlo correr con su mano.
Y ahora le contó como se habían besado. Como se habían acariciado y como terminaron desnudos sobre la cama. Le detalló lo que sintió cuando él la penetró y rompió su himen. Alba escuchaba embelesada, mirando como los ojos de María brillaban al recordar su primera noche de amor.
-¿Y qué tal? ¿Te gustó?
-Bueno, digamos que sí. Pero Iván se corrió enseguida y yo no llegué.
-Vaya.
-Espero que esta noche dure más, jajajaja
-¿Vas a volver a hacerlo con él?
-Claro que sí. Me gusta mucho Iván.
Esa noche, Alba, acostada en su cama, pensaba en su amiga. La imaginaba en brazos de Iván, un chico bastante guapo. La estaría besando, acariciado. Y después lo harían.
Cerró los ojos y se imaginó que era a ella a quien Iván besaba. Que era su cuerpo el que Iván acariciaba. Que eran los dedos de él y no los suyos lo que acariciaban su coñito, mojado y caliente.
Alba, como tantas y tantas noches antes que esa, se masturbó a oscuras en su cama hasta tener varios orgasmos que la dejaron relajada. Después, se durmió.
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Pasó el tiempo. El grupo de amigos se fue separando. Unos eligieron estudiar fuera, otros empezaron a trabajar. Pero Alba y María siguieron juntas. Ambas eligieron la misma carrera y la misma facultad. Y Alba siguió siendo la que escuchaba. Aparecieron nuevas amigas y amigos.
En el nuevo 'círculo' algunos chicos intentaron, siempre en vano, salir con Alba. A pesar de las protestas de María, Alba nunca dio su brazo a torcer.
-¿Es que quieres ser virgen toda la vida, Albita?
-Coño María. Siempre con lo mismo. Déjame ya en paz.
María no la dejó en paz. Seguía buscándole chicos. Presentándoselos. Pero todos eran rechazados. O eran demasiado altos, o demasiado bajos. O muy flacos o muy gordos
-Aggggg Albaaaaaaaaaaaaaa. Que no te los tienes que quedar para siempre. Solo se trata de salir. De pasarlo bien, Y si surge, darle alegría al cuerpo y quitarte el tapón del chichi.
-No.
María no entendía la cerrazón de su amiga. Miles de veces le había dicho que era muy guapa. Que a muchos tíos no les importaba que estuviera un poco gordita, y que incluso a algunos hasta así les gustaba más.
María no comprendía que el problema de Alba estaba en su cabeza, enterrado a fuego en su mente. Que no se veía a sí misma como una mujer atractiva. Que creía a pies juntillas que ningún hombre la encontraría deseable. Que nadie jamás la llegaría a querer.
Y por debajo de todo eso, en lo más profundo, un enorme terror al rechazo. A llegar a sentir algo por otra persona y sentirse rechazada por su aspecto. La única manera de jamás sentir rechazo era jamás sentir nada por alguien, y para eso era necesario jamás dejar acercarse a nadie.
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-El sábado es tu cumple, ¿No? - preguntó un día María
-Sí.
-Montemos una buena fiesta, Alba.
-No estoy para fiestas María.
-Pues te jodes. Que 25 años no se cumplen todos los días. Es más, sólo se cumplen una vez en la vida. Jajajaja
-Graciosilla.
-Pues perfecto. Yo me encargo de todo. Haremos un buen fiestorro, aquí, en tu casa.
-Como quieras - dijo con desdén Alba.
No tenía ganas de fiesta, pero sabía que cuando a María se le metía algo entre ceja y ceja no había modo de detenerla. Así que se resignó a tener una fiesta de cumpleaños.
"Bah.." - se dijo "se pondrán todos a bailar y beber y me dejarán en paz. Una vez que todos me den las felicidades podré sentarme tranquilamente"
Durante los días siguientes, Alba miró como María hacía los preparativos. Llamando a gente para invitar, empresas de cáterin, etc… Hasta la acompaño el viernes por la tarde a unos grandes almacenes para elegir el vestido. Por más que Alba protestó, al final compró el que María eligió. Uno azul, muy ajustado, hasta la rodilla. Alba se miró al espejo. No le quedaba mal. Resaltaba sus curvas, sus grandes pechos. Pero también resaltaba su barriga, su gordo culo. Sus brazos quedaban desnudos.
-Estás preciosa, Alba.
-Si tú lo dices.
Si hubiese sido una fiesta sorpresa, no lo hubiese soportado. Pero al ser algo planeado, pudo tranquilamente ir recibiendo a sus invitados poco a poco a medida que iban llegando. Recibía los consabidos besos, el clásico feliz cumpleaños. Eso sería todo.
Porque antes de la fiesta, había cogido a María en un rincón, y , pellizcándole con fuerza un brazo le dijo que nada de cantarle a coro Feliz Cumpleaños.
-Jajajaja. Está bien, Albita. Te cantaremos "Feliz, feliz en tu día"
-Cabrona.
-Jajajaja. De acuerdo. Nada de canciones. Pero mira que eres rarita.
Alba conocía a casi todos los invitados. Los que no conocía eran algunos novios o novias de alguno de sus amigos. Y tampoco conocía a uno que entró sólo. Nunca lo había visto.
María, al verlo, fue a saludarlo y lo llevó ante Alba.
-Alba, este es John, un… amigo. John, esta es Alba, la homenajeada.
John le cogió inesperadamente una mano y le dio un suave beso en la palma
-Encantado, Alba. Feliz cumpleaños
-Gra..gracias.
John la miraba fijamente a los ojos, con una suave sonrisa que dejaba entrever unos dientes blancos perfectos. No le había soltado la mano.
-Bueno, os dejo para que os vayáis conociendo.
A pesar de la mirada de hielo que Alba le echó a María, ésta se dio la vuelta y los dejó.
-¿De qué conoces a María? Nunca me había hablado de ti.
-Soy conocido de la familia. Estaba en la ciudad y amablemente me invitó. Espero que no te haya molestado.
-Oh, no, claro que no. Bueno…esto…tú mismo. La bebida y la comida son gratis. Sírvete algo.
-Gracias. Tengo sed. Me pondré una copa. ¿Tú quieres algo?
-No.
Alba se dio la vuelta y se fue en busca de María.
"Esta cabrona ya me quiere endilgar al amigo este, seguro", pensaba mientras la buscaba entre la multitud. Pero también se decía que no podía ser. Era demasiado guapo, demasiado atractivo. Los 'novios' que María había intentado adjudicarle durante tantos años eran chicos normales. Este era muy diferente.
La encontró riendo con unas amigas. La cogió del brazo y la llevó aparte.
-¿Quién es ese John?
-Un conocido de la familia. Estaba sólo y lo invité. ¿Qué pasa?
-¿Seguro? Mira que te conozco, María.
-Ay, Albita, como eres. No seas boba.
María se fue otra vez, dejándola con la palabra en la boca. No muy convencida, Alba se fue a sentar a un sofá.
A los pocos minutos, John apareció ante ella. Con dos vasos.
-No puede ser que en tu cumpleaños no bebas nada. Toma.
-Pero…
-Sin peros.
Algo cogió la copa. Miró a los ojos de John, pero apartó enseguida la mirada. No pudo aguantar aquellos ojos. Penetrantes, profundos. Negros como el tizón. Era un chico muy muy guapo. Llevaba barba de dos días que lo hacía aún más atractivo.
Se sentó junto a ella. Alba dio un respingo. El primer minuto se quedaron en silencio. Alba no sabía que decir. Nunca sabía que decir. No le salían las palabras. Se quedó mirando a su vaso.
-¿Estudias con María?
-Sí, este año terminamos, por fin.
-Bien, debéis ser buenas estudiantes, entonces.
-Bueno…normalitas
Empezaron a hablar. Más bien John empezó a preguntar y Alba a contestar. La voz de él era muy agradable. Y su conversación. Poco a poco Alba se fue sintiendo menos tensa.
Hasta que él le dijo:
-Ese vestido te queda muy bien.
Los colores se le subieron a la cara. Se puso roja como un tomate y el saber que él lo estaba viendo más roja la ponía. Se fue a levantar para salir corriendo, pero él la cogió con fuerza de la muñeca y no la dejó.
-Lo siento, perdóname. Te he avergonzado. Por favor, di que me perdonas.
Alba sentía un nudo en la garganta. Y calor en las mejillas. Luchó y al final pudo hablar.
-No te preocupes - dijo, mirando al suelo.
Siguieron hablando, aunque Alba apenas le miraba. Poco a poco el rubor fue desapareciendo. Hasta que volvió con fuerza cuando él, tendiéndole una mano, le pidió bailar. Viendo su cara roja, le dijo.
-No te preocupes, Alba. En la zona de baile la luz está muy atenuada y nadie se dará cuenta de…tu rubor. No sería un cumpleaños sin un baile.
John se levantó. Alba se quedó sentada, aterrada. Nunca había bailado con un chico. Y menos con un tan guapo que John.
-Venga, Alba. Sé que puedes - le dijo volviéndole a tender la mano.
El corazón de la chica parecía que se iba a salir por su boca de lo fuerte que latía. Alba sentía su mano temblar cuando la levantó y se la dio a John. Él la ayudó a levantar y juntos fueron a la pista.
En ese momento podrían haber pasado dos cosas. Todos los que la conocían podrían haberse sorprendido de verla llegar a la pista en manos de un atractivo joven para bailar. Si alguien hubiese hecho le menor comentario, Alba hubiese salido corriendo y entonces sí que jamás volvería a bailar con nadie.
Pero nadie dijo nada. Nadie pareció percatarse. Siguieron hablando unos, bailando otros. María, la buena María, los había aleccionado bien. Les hizo prometer que esa noche dejarían a Alba en paz. Ninguna broma, ningún doble sentido. Simplemente que la ignorasen.
Y eso hicieron. No prestaron atención a Alba. No miraron como John le ponía las dos manos de ella en sus caderas y como él ponía las suyas en las caderas de Alba.
Y en el día de su 25 cumpleaños, Alba tuvo su primer baile con un chico. Un atractivo y guapísimo chico. Sólo María, desde lejos, los miraba.
Alba casi se olvidó de todo. Sólo sentía como sus manos le quemaban al sentir los duros músculos de las caderas de John. Como él se mecía lentamente al son de la suave música, llevándola a ella. Torpe al principio, poco a poco fue aprendiendo a seguirlo. Poco a poco se fue atreviendo a mirarle a los ojos. Aquellos penetrantes ojos, apenas ahora visibles en la semioscuridad de la pista de baile.
Después de ese vinieron más bailes. John se pegaba cada vez más a ella. Al final, sus cuerpos se pegaron totalmente.
Alba estaba como flotando.
Las horas fueron transcurriendo. Los invitados empezaron marcharse, quedando cada vez menos gente. Hasta que sólo estaban John, María y Alba.
-Bueno, Alba, me voy ya - le dijo María acerándose a ellos.
-¿Te…vas?
-Sí.
Alba miró a María, y le hizo una seña hacia John, como pidiéndole que se lo llevara con ella. Que no la dejase sola con él.
María la cogió de una mano y la llevó hacia la puerta.
-Alba, aún no te he dado mi regalo.
-Coño, déjate de regalos. Llévate a tu amigo.
-Alba…John es mi regalo.
-¿Queeeeeeeeeeeeeeee?
-Lo que oyes. Es mi regalo para ti. Espero que lo disfrutes.
María intentó abrir la puerta para marcharse, pero Alba de un manotazo se lo impidió.
-¿Quieres decir que…?
-Sí, eso mismo. John es un gigoló. Un prostituto, si quieres llamarlo así.
-¿Estás loca?.....fin de la primera parte....