Niñera se vuelve una zorra con su patrón
Después de retirar a los niños de la escuela y llevarlos a lo de Sofía, madre de los niños y ex esposa de Anselmo, me dirijo a la casa donde trabajo como niñera y tengo fijada mi residencia.
Como ocurre los fines de semanas, que los niños están con su madre, los aprovecho para recuperar las horas de estudios que, por atención a los pequeños, no haya podido realizar. Mi prioridad siempre fue mi carrera como estudiante en ciencias económicas.
Cuando llegué a la casa de la familia Achaval, para trabajar de modo ocasional como babysitter, lo hacía cada vez que, por cuestiones laborales o sociales, el matrimonio debía ausentarse. Algunas veces salían juntos pero la mayoría de las veces lo hacían por separado. Esto se repetía entre dos y hasta tres veces por semana.
Esta actividad la realizaba para ayudar a solventar económicamente el costo de mis estudios.
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Después de un tiempo deje de ser empleada ocasional. Con el nombramiento de un nuevo gerente, en el importante grupo empresarial donde trabaja Sofia, esta fue promovida a la subgerencia. Por el incremento de responsabilidades y la ampliación de los horarios que, como ejecutiva, Sofía tuvo que cumplir, yo tuve que hacerme cargo, con dedicación exclusiva, del cuidado de los niños e irme a vivir a la casa de la familia Achaval.
Por no conocer los hábitos y la cotidianidad del grupo familiar, me llevó un tiempo poder adaptarme.
Siempre los niños me han provocado una gran ternura, pero en este caso, con esto hermanitos mellizos, mi cariño fue total.
No tardé demasiado en ponerme al tanto de cómo llevar adelante mi tarea en el cuidado de los pequeños.
Tanto Anselmo como Sofía fueron depositando en mí la confianza necesaria en el manejo del funcionamiento de la casa. Para colaborar con mis tareas, tomaron a una joven señora como empleada doméstica.
Yo fantaseaba que era la ama de casa que tenía todo en orden a la espera de la llegada de Anselmo. Estaba impactada por el rubio, atlético y guapo jefe de familia.
Los primeros tiempos en su nuevo cargo, Sofía, regresaba de la empresa a un horario ciertamente normal. Pero de a poco esos horarios, en algunos días a la semana, comenzaron a alterarse.
Ésto trajo aparejado un cambio de actitud por parte de Anselmo, respecto a Sofía. El cruce de miradas y de gestos poco amables de él que, al parecer, Sofía no registraba. Ella estaba como en otro mundo. Alguna vez le escuché decir, en tono de sorna, “estás celoso de mi carrera profesional”.
Sofía había conocido a un joven universitario que hacía una pasantía en la empresa donde ella había sido nombrada sub gerenta en el área de comercialización.
Sofía perdió la cabeza por ese atlético, guapo y bien dotado joven. Sus ausencias nada tenían que ver con sus responsabilidades ejecutivas.
Se descuidó y levantó sospechas. Anselmo la hizo seguir y, cuando supo de su relación con el universitario, le pidió al investigador que la siguiera y filmara alguna escena escabrosa. El implacable seguimiento ordenado por su marido dio resultado. El sabía —como abogado que es— que en un divorcio por infidelidad ella se iba a quedar con los niños y por ende la casa y encima le iba a tener que pasar dinero por manutención. Pero, con algunas escenas truculentas, la iba a poder chantajear: su copetuda familia, el cargo en la empresa, sus vínculos sociales y su desapego a los niños, eran los elementos con los cuales él contaba para dejarla fuera de su vida y de los niños. Sofía era la amante sumisa del joven adonis que la compartía con un compañero de estudio y de vivienda. La orgia fue filmada. Cuando Anselmo la amenazó con mostrar las sesiones orgiásticas, un fuerte elemento de presión y chantaje, Sofía, no pudo poner ni las manos y terminó firmando todo lo que le pusieron sobre la mesa. Renunció a la tenencia de los niños que solo pueden estar con ella dos fines de semanas al mes. Lo único que Sofía logró fue suspender por un tiempo el trámite de divorcio. Ella quería un tiempo para poder, más adelante, arreglar el desastre provocado por su calentura con el joven universitario. Anselmo aceptó. El juicio de divorcio traía un riesgo legal que él quería evitar. Se acordó en forma privada mediante documentos que fueron registrados por escribano público. No obstante, a los pocos días, Anselmo hizo,no una denuncia, sino una exposición policial constatada oficialmente por abandono de hogar por parte de su cónyuge.
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Candelaria:
Anselmo, al quedarse con la tenencia de los niños retuvo, entre otras cosas, la propiedad y todo lo que había en ella.
Con los horarios extendidos por su cargo de subgerente y las permanentes escapadas con sus jóvenes amantes, Sofía, era una visita en la casa. Los niños casi ni notaron la ausencia de su madre.
Ambos ex cónyuges estuvieron de acuerdo y, por la correcta relación que tenía con ellos, me hice cargo de los niños y toda la responsabilidad en sus cuidados recayeron sobre mí que, me convertí de hecho, en su madre de crianza.Tuve que ajustar todas mis actividades para estudiar y asistir a la facultad de ciencias económicas, donde espero recibirme como licenciada en administración de empresas.
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Candelaria, una bella muchacha de un metro setenta de estatura y un físico bien proporcionado, muy atractivo; de piel morena, largos cabellos oscuros y ojos verdes de mirada intensa. Ella no era indiferente a la presencia de Anselmo, hombre guapo y atlético.
A pesar del tiempo que el cuidado de los niños le quitaba a sus estudios, el cariño que sentía por ellos más las circunstancias por la que estaban atravesando y, “alguna otra cosa un poco más oscura” tomó la decisión de ralentizar por un tiempo sus estudios, y demorar su carrera universitaria.
Despues de lo acontecido todo volvió a una normalidad muy distinta, pero normalidad al fin. Candelaria quedó como la mujer de la casa.
Anselmo depositó en ella su confianza y ella no lo defraudó. Él con su perfil de tipo duro, carácter ciertamente altanero y un tanto arrogante, hasta para ser amable lo hacía casi con prepotencia.
“Basta Cande con eso de decirme señor Anselmo. Anselmo o gringo. No voy a volver a aceptar que me trates de usted o señor. Somos familia ¡Carajo!”.
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Anselmo cayó en un estado de ánimo abatido. Él amaba a Sofía, una bella mujer de un gran atractivo: senos generosos, cabellos rojizos, piernas y gluteos perfectos y además era talentosa e inteligente. Que un veinteañero te sople la dama, para un tipo como él, era todo un bajón.
Candelaria después de cenar acostaba a los pequeños, se vestía con ropa de cama, preparaba café y tenía largas charlas de sobremesas, en las que él aprovechaba para encender un cigarrillo y hacer anillos de humo en el aire y diciendo: esto con Sofía no podía hacerlo. Candelaria no fumaba pero le encantaba verlo fumar y divertirse jugando con el humo de su cigarrillo.
Sin mostrarse afectada por la atracción que sentía por él, lo acompañaba y le daba palabras de consuelo. Era algo que hacía con sus sentimientos a flor de piel.
El paso del tiempo y las largas conversaciones con Candelaria le fueron cambiando el carácter y de a poco la altanería fue desapareciendo y se fue convirtiendo en una persona más reflexiva.
El golpe había sido muy duro como para seguir sin aceptar sus vulnerabilidades. Entonces, comenzó a abrirse y desnudar sus sentimientos hacia Sofía: “Jamás le fui infiel. Ella sospechaba de Elena, socia del estudio que fundó mi padre. Elena ingresó como asociada siendo muy joven. Cuando mi padre se retiró ella aportó su visión, su perspectiva, con conocimiento y oficio, yo aporté mi preparación de abogado joven que logré asistiendo a mi padre en los tiempos de estudiante de derecho. La enjundia que Elena le reclamaba a mi padre y que él había perdido la encontró en mí. Fuimos un tándem muy exitoso. Pusimos al bufete entre los más importantes de la ciudad y la región. Pero jamás tuvimos nada, eso sí pasábamos gran parte del tiempo juntos ocupados en las distintas estrategias legales de los distintos casos que tramitaba el estudio.
Ella tiene desde siempre una relación con un abogado asociado al bufete. Es muy guapa”.
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Anselmo era muy atractivo para las féminas. Sofía estaba convencida de que él había tenido algunos amoríos y siempre sospechó de Elena su socia en el estudio, jamás pudo corroborarlo, pero estaba convencida de eso y solían tener arduas discusiones al respecto. Por eso, cuando quedó impactada por el joven pasante pensó en vengarse, pero se le fue de las manos y su vida quedó despedazada.
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Candelaria era la encargada de llevar e ir a buscar a los niños cuando tenían que estar con su madre. Se conocían y tenían una relación de cierta cercanía. Así fue como Candelaria se enteró de todo lo sucedido. Su sello de fidelidad era su silencio. salvo algún detalle que ella considerara marginal, Nada le decía a Anselmo, de lo que hablaba con Sofía y nada le decía a Sofía de lo que hablaba con Anselmo.
Algún día en la semana, Candelaria, llevaba a los niños para que merendaran con su madre. Anselmo no puso impedimento para que esto ocurriera. Después de lo sucedido Sofía no volvió a ver al joven pasante. No sabía cómo explicar lo ocurrido con su matrimonio. Quería recuperar a Anselmo pero sabía que en lo inmediato eso era imposible. El golpe fatal fue cuando, por medio de Candelaria, se enteró que algunas de las arpía de sus amigas habían ido a visitar a Anselmo para invitarlo a salir y, que la socia de Anselmo salía desde siempre, con un socio del bufete, qué no era Anselmo.
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Los tiempos fueron transcurriendo en su cotidiano devenir, cuando una tarde, Sofía, esperó a Candelaria a la salida de la facultad y la invitó a tomar algo y a conversar. Al intentar explicarle a Candelaria su infortunio amoroso con la peregrina idea de qué la muchacha pudiera, por su cuenta, interceder de alguna manera para que Anselmo reconsidere su actitud y poder así tener una relación de cercanía que mejore el desempeño que, como padres, deberían tener en la formación integral de sus hijos.
Fue muy loable lo de Sofía pero, en realidad, lo que quería era volver con Anselmo y ese acercamiento era el primer escalón para ese intento.
Candelaria la vio venir y aprovechó para llevarla a su terreno y hacer que Sofía le cuente con detalles su historia con Anselmo y su relación con el joven pasante.
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Sofía:
Debo decir que vengo de una familia acomodada que me permitió recibir la mejor educación posible. Pero tuve que competir con mis hermanos varones a los que se les facilitaron todas las opciones para desarrollarse y alcanzar las metas que en su momento se propusieron.
Yo también me planteé metas que intenté alcanzar a pesar que mi familia pretendía casarme con una suerte de príncipe, alguien importante del mundo empresarial.
El joven mago de las finanzas y heredero de una importante fortuna con quién mis padres me querían vincular, tenía todo para ser un gran partido. Pero yo quería jugar, no ser la damisela de un jugador.
Al rechazar las sugerencias les hice saber a mis padres que yo tenía tanto derecho, como mis hermanos varones, a sentarme en la mesa donde se toman las decisiones en el manejo de los negocios familiares. Me ofrecieron un cargo irrelevante en una sección administrativa en una empresa del grupo.
Por medio de un ex compañero de la facultad cuya familia tiene un importante paquete accionario en el grupo y por el currículo y ser quien soy ingresé al grupo con un cargo jerárquico que me permitió iniciar una carrera
Mi familia insistió en casarme con el príncipe de las finanzas.
Entonces apareció Anselmo. Un abogado brillante que en poco tiempo al frente del bufete qué heredó de su padre y a pesar de su juventud, con una enjundia muy particular hizo que el estudio sea uno de los más importantes de la ciudad.
Mi familia aceptó a regañadientes y yo tuve la sensación de haberme quitado de encima un yugo insoportable.
Los primeros tiempos con Anselmo fueron muy intensos él dedicado a su exitosa profesión y yo escalando en la estructura ejecutiva del grupo. Entonces llegaron los mellizos.
Esto retrasó mi llegada a la gerencia y después de algunos años tuve el premio consuelo de la subgerencia. He vivido reprochándole a Anselmo el párate en mi carrera profesional. Como buena niña rica le eché la culpa de mis frustraciones a otro, en este caso a Anselmo. Se reprodujo en mi vida conyugal, por mi escasa madurez e inexperiencia, la misma situación que en mi familia: mis hermanos mayores exitosos y yo dejada a un costado. Anselmo no tenía la culpa de ser exitoso y yo rezagada en mi función en la empresa. Inmadura y como toda niña rica descargué sobre Anselmo las culpas inclusive tomé distancia de mis niños, algo que nunca me voy a perdonar, todo por no poder enrostrarle a mis padres mi capacidad de liderazgo y valía como profesional.
El nombramiento de subgerente me llegó con mucho retraso. Hace tiempo que yo tenía que ser gerente y estar peleando por un cargo en el directorio.
El nombramiento lo tomé como un premio consuelo y esto aumentó mi inestabilidad emocional y, las peleas con Anselmo eran más frecuentes de lo debido. Lo acusaba de ser amante de Elena, una mujer madura y muy atractiva, la socia y estratega que le ayudó a poner el bufete en un lugar importante. Estaba convencida de su amoríos con ella. Ahora que lo veo a la distancia, era muy conveniente sospechar porque me daba motivos para el enojo en el que estaba permanentemente hostigando a Anselmo.
Entonces apareció Jhonatan, un adonis, un dios al que se le tiraron todas, desde una directora hasta la gerente de recursos humanos. Pero el tipo se fijó en mí, subgerente del área comercial. Sabedor del efecto que provoca en el sexo opuesto se acercó con cierta delicadeza y, sin dejar de insinuarse, comenzó a seducirme. Lo hice pasar y le di un lugar en mi despacho para encargarle que realice unas tareas de cálculo y ahí comenzamos a tener largas charlas en las que él no dejaba de tirarme ondas y se las aceptaba sin más.
Por cuestiones administrativas tuve que viajar a una planta industrial que es controlada por el grupo. Le pregunté si me podría hacer de chofer. El viaje fue de tres horas. Al llegar tuve que realizar ciertos relevamientos, en los cuales él colaboró. Cuando salimos de regreso ya estaba oscureciendo. En medio del viaje deslicé mis faldas hacia arriba y dejé mis piernas al descubierto. No demoró mucho en comenzar a acariciarlas. Recuerdo que atendiste tú cuando llamé a casa para avisar que me iba a quedar en un hotel, porque tenía miedo de conducir de noche en la ruta. La decisión de ser asistida por un conductor era una decisión que formaba parte de mis atribuciones. Nadie sabía que él conductor era Jhonatan.
Nos metimos en un motel y amanecimos revolcándonos.
Estuvimos de regreso al mediodía, fuimos a almorzar y después le di el día libre. Volví a mi despacho para redactar el informe de lo actuado en la planta, después me volví a casa. Me duché, comí algo y me metí en la cama. No sabría cómo mirar a Anselmo en la cara.
Al día siguiente Jhonatan estuvo distante. Alivio por un lado —si esto se corta aquí, me dije, será un secreto que morirá conmigo—. Ese viernes, a la hora de salida, me dirigí a la cochera y, cuando estaba por subir a mi vehículo apareció Jhonatan con una inmensa moto de alta cilindrada. Me miró con esa sonrisa sobradora y perversa que tiene. Casi como un autómata dejé mis cosas en el auto y me subí a su moto. Me llevó a una casa que comparte con un compañero de estudios en las inmediaciones de la universidad. Estuvimos teniendo sexo durante horas. Llegué a casa pasada la una de la madrugada. Me duché y cuando me acosté, Anselmo, se giró hacia el lado opuesto. Una clara muestra de su enojo. Algunos viernes he regresado bien tarde, pero primero llegaba a casa, me cambiaba y luego salía a algún evento o con amigas. Esto fue sin avisar y totalmente infrecuente.
El lunes la tónica de mi relación con Jhonatan tomó un cariz de intensidad, desmesura y excesos. Yo estaba en mi despacho sentada en la mesa de la sala de reuniones, con carpetas y documentos desplegados para hacer un control estadístico de recientes operaciones comerciales. Entonces, él ingresó sin hacerse anunciar y, después de cerrar la puerta con llave, se paró frente a mí, sacó su miembro y muy descaradamente me dijo: “chupamela puta”. Mientras succionaba su hermoso pené pensaba en qué momento me convertí en tamaña puta. Asumirme como puta me excitó de tal manera que con mis dedos acariciando mi entre piernas y con su miembro en mi boca, tuve un orgasmo brutal.
Ese momento marcó el punto de quiebre que cambió y arruinó mi vida definitivamente.
Le dije a Jhonatan: voy a ser tu puta pero fuera de los horarios de trabajo. Cuando nos encontremos, donde tú lo decidas, estoy dispuesta a aceptar que me hagas de todo. Y se cumplió, me llevó a su casa y con su amigo me hicieron volar de placer. Perdí el sentido y control de todo. Lo demás tú ya lo conoces.
Cuando esto salió a la luz fue cuando desperté y no sé cómo arreglarlo y, como se dieron las cosas, no sé si alguna vez lo podré arreglar. Lejos de Anselmo y sin los niños no soy nada. Que cruel es valorar tanto las cosas cuando las has perdido.
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Nada de lo que contó Sofía a Candelaria salió de la boca de la muchacha. Al único que tendría sentido contárselo sería a Anselmo pero sabía que todo esto le provocaría un gran dolor.
Luego pensó: “no soy su amiga, me lo contó todo, como si tuviera la necesidad de desahogarse. Cuánta soledad anida en el corazón de esa pobre niña rica”.
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El tiempo transcurría con cierta normalidad. Los años pasaban y los niños iban creciendo. A medida que esto ocurría iban adquiriendo cierta autonomía. Esto hacía que no fueran tan demandantes de atención y cuidados. Circunstancia que le daba a Candelaria tiempo y espacio para sus estudios y cuidado personal.
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Candelaria:
Cuando fui a retirar los niños de la escuela, me hicieron saber del faltaste del libro de inglés y un cuaderno de la misma materia.
Uno de los niños los dejó en casa de Sofía. Dejé a los chicos en casa para que la señora que trabaja de empleada doméstica les diera la merienda y me fui a lo de Sofía en busca de dichos materiales de estudios. Sofía no se encontraba, me quedé sentada en el auto esperándola y al rato llegó traída por un señor al que, al despedirse, le plantó un apasionado beso. No quise sorprenderla, esperé un rato y entonces la llamé para decirle que estaba yendo a buscar el libro y el cuaderno de inglés.
En alguna conversación me negó cualquier contacto con ningún tipo. Si, claro, pensé. Anselmo la sigue teniendo en su corazón pero sé que algunas veces sale con alguna mujer. A ella le debe pasar lo mismo.
…
He fantaseado con Anselmo desde el primer día en que lo conocí pero nunca le di a entender nada.
Ha pasado un largo tiempo desde la separación y lo sorprendí en más de una ocasión mirándome de reojo. De a poco comencé a provocarlo. Después de acostar a los niños comencé a vestirme con insinuantes ropas de cama, le preparaba el café y hacíamos la sobremesa. En una de esas charlas le comenté que había visto a Sofía con un tipo. Anselmo con una sonrisa me comentó: "porque será que no me extraña. Está bien, ya pasó, ya no me duele, que haga su vida". Me quedé mirándolo insinuantemente a los ojos y le dije: "entonces tú también puedes hacer tu vida. Me levanté como lo hago todas las noches para ver si se acostaron los niños, ponerme la ropa de cama y venir a prepararte el café para la sobremesa. Anselmo me dijo: atendé a los niños que el café lo preparo yo y llevo a tu dormitorio. “hoy la sobremesa será distinta”
Cuando Anselmo entró a mi cuarto lo estaba esperando con un babydoll y todo era insinuación y deseo.
—!Que hermosa eres nunca te vi con esta ropa de cama.
—La compré hace tiempo pensando en un momento especial
—¿Y este momento lo es?
—El momento y el lugar nunca me importó porque lo único que siempre me importó fuiste tú
—No me compré nada para ti
—Por la circunstancia que rodea la realidad en que vivimos nunca te imagine como un príncipe enamorado. Siempre te imaginé desnudo avanzando hacia mí aturdido de deseo. Sé que Sofia siempre estará en tu corazón y que en algún momento vas a volver con ella.
—Cómo supones que voy a volver con ella.
—Te podrías haber cogido a unas cuantas amigas de ella y no lo hiciste, hubiera sido una venganza que le hubiera dolido. Pero cuando has tenido algún rollo con alguna abogada putita de esas con las que te cruzas en tribunales, lo haces ocultándote.
—¿Cómo sabes todo eso?
—Llevo muchos años en esta casa y se leer gestos, medias palabras y conozco todos tus contactos y se sacar la mentira de verdad. Cuando en esas fiestas de campo, a las que se asiste con la familia, algunos de los concurrentes me han querido levantar. No sabes cómo en esos momentos se les suelta la lengua a algunos de tus colegas.
—No se le puede contar nada a nadie.
—No creo, que el que me lo dijo sea confidente tuyo. Te coges algunas abogada putita y pensas que nadie se va a enterar. ¡Bueno! Yo no soy abogada y todavía no soy economista pero puedo ser tan putita como ellas.
—¿Qué tan putita puedes ser? —Desnúdate y ven a tomar lo que es tuyo, lo que te pertenece desde siempre y lo vas a averiguar.