Termino dominando sexualmente a una vecina madura casada
Mi nombre es Maricarmen pero desde siempre y para distinguirme de mi madre todos me dicen Mari, 21 años, pelo castaño, ojos verdes, menuda , delgada, con un pecho no exagerado pero de pezones muy sensibles y un culo firme y bien puesto – sin pinta de zorrón, antes al contrario, de aspecto dulce, que oculta la diablesa que llevo dentro…- aunque tengo pareja estable – un pagafantas más que un novio, soso y simple, a quien le pongo los cuernos eventualmente con quien cuadra y on-line con un maduro vicioso con un buen pollón, muchísimo morbo y sobrada experiencia que me tiene cachonda como una estufa…- como iba diciendo aunque tengo novio soy una chica caliente y bisexual: estoy en la universidad, vivo en el sur de España, y a continuación voy a relataros cómo hace unos días doblegué a mi nueva putita, una vecina, madura, casada y madre de familia.
Vivo con mi madre separada – a la que por cierto también le gusta mucho el sexo, pero eso es otra historia- en una urbanización de chalets en las afueras de una ciudad de la que, como dijo Cervantes en su inmortal Quijote, “de cuyo nombre no quiero acordarme…” y que fue el regalo de despedida de mi padre antes de hartarse de llevar cuernos y perdernos de vista largándose a otra ciudad con la excusa de un ascenso laboral… aunque nada nos falta tampoco somos ricas: el dinero que mamá me da para mis gastos y caprichos – me gusta mucho comprar ropa y complementos, me horroriza el botellón y prefiero los locales elegantes y exclusivos- no llegan a cubrirlos en su totalidad, y por ello ocasionalmente he ejercido de canguro para familiares, conocidos y algunos vecinos… Conocía a Marta y a su marido ``de vista´´, pues viven en la misma calle de nuestra urbanización, y he de decir que a primera vista son una pareja típica: en torno a la cuarentena, con dos hijos, de clase media y aspecto y modales cuidados. A ella – cuarenta y ocho años, pelo castaño y rizado cortado en media melena, ojos marrones, en torno al 1.70 de alto, piel morena de solárium, con un buen pecho que apenas insinúa por su forma de vestir, un culo que llama la atención en mallas y unos labios sabrosos que hacen en pensar en comérselos o en cómo debe practicar el sexo oral-, piernas torneadas, caderas amplias… Me gustó desde que la vi por primera vez al mudarse aquí hace más o menos un año– son madrileños, pero vinieron a mi ciudad con motivo de un ascenso laboral de su marido-, y desde entonces la he visto de vez en cuando en el supermercado, la peluquería o el bar de la urbanización. Es una mujer guapa, elegante, que trasluce clase y dinero de forma casi que automática – ropa de marca, coche de lujo…- En todo caso su cuerpo siempre lo oculta vistiendo de forma elegante pero clásica, sin jugar a seducir con su armario pese a tener motivos para ello. En cuanto a su cara, es de gesto serio, y cuando la he visto con su marido – éste frisando la cincuentena, un poco más bajo que ella, pero ya canoso y ralo, barriga cervecera- siempre la he visto como relegada a un segundo plano, situándose uno o dos pasos por detrás de su marido y atenta a sus palabras e indicaciones en todo momento. Y es que él, alto directivo de una multinacional, es un hombre acostumbrado a mandar, y que se ve transmite su autoritarismo a su vida privada.
Y ya sin más empiezo a relatar cómo empezó todo.
Un viernes del pasado mes de julio me encontraba en casa preparándome para salir de juerga con mi pandilla cuando llamaron a la puerta, y al abrir mi madre la puerta apareció mi vecina en el umbral. Un tanto azorada nos comentó que esa noche tenía una cena con su esposo, un compromiso laboral ineludible, que la canguro que usaba habitualmente le había fallado a última hora, y que como sabía por una vecina que yo ejercía como tal venía a preguntar si estaba disponible, ya que su hija no estaba en casa y su hijo era aún pequeño para quedarse sólo… mi primer instinto fue rechazar la oferta, pero cuando me ofreció 200 euros y me dijo que no llegarían más allá de la una o dos de la madrugada me dije que bueno, que era mucho dinero para mí y que cuando volvieran aún podría reunirme con mi novio y mis amigos. Además, como he dicho, ella me gustaba… al cabo de quince minutos estaba en su casa, donde tras darme las instrucciones respecto a su hijo Simón – de ocho años- respecto a cena y horario de acostarlo, y enterarme de que su hija Carla – de dieciséis- dormiría en casa de una amiga esa noche, me dejaron sola y salieron. Tras dar la cena al chaval, jugar un rato con él, dejarle ver un poco la tele y acostarlo, me disponía a comenzar a whatsapear cuando el ordenador portátil del salón emitió un sonoro “pip” que me advirtió de que estaba encendido… como soy muy curiosa decidí echar un vistazo, y descubrí que había recibido un mensaje de una conocida web de ligoteo on-line. Un simple vistazo al fondo de pantalla, las carpetas o el historial de búsquedas de Google me bastó para comprobar que era el ordenador de Marta, que trabaja desde casa como traductora de novelas, y que es ordenada y meticulosa. Sin poder resistirme copié en la memoria usb que llevo siempre en el bolso por temas académicos los archivos de fotos para poder verlos con detalle más adelante, su lista de contactos – nombres, teléfonos y direcciones de correo electrónico- del Outlook, y luego vagué por el disco duro a la busca que algo que llamara mi atención… finalmente me encontré con una carpeta encriptada y oculta en otra de nombre tan disuasorio para cualquier marido como “recetas de cocina”. Copié también la carpeta a mi usb, borré el historial de búsqueda y cualquier huella digital de mi fisgoneo en su ordenador, y luego esperé a que regresaran, ansiosa como estaba por ver qué había descubierto… Estaba tan impaciente que avisé por whastsapp a mi novio de que al final no saldría esa noche, que estaba cansada, y cuando Marta y su marido – se llama Pedro, por cierto- regresaron me despedí apresuradamente y corrí a casa para encerrarme en mi dormitorio y empezar a trabajar en lo que había copiado:
Las fotos eran las típicas familiares, de cumpleaños, viajes, etcétera… pero una de ellas me sirvió para una primera paja a la salud de mi vecina, mientras en la pantalla de mi pc la veía a ella con su adorable hija adolescente en bikini en la piscina de un hotel. La foto era del verano anterior, y era notorio el contrate entre el voluminoso pecho maduro de la madre y el más pequeño y juvenil de la hija, a la que además se le marcaban los pezones en la tela…. Imaginándome que me la follaba sin piedad introduje mi mano bajo mi pijama y sentada como estaba me toqué hasta correrme…
Pero el premio gordo no fueron las fotos sino la carpeta encriptada que había escondida en la de “recetas de cocina”: contra lo que me temía no me costó apenas nada descubrir la clave de acceso – qué manía tienen los padres de poner los nombres y fecha de nacimiento de sus hijos, o de su boda, como clave, cuando esas las tienen a la vista grabadas en los marcos de plata de las estanterías, ji ji.- El contenido de la carpeta resultó ser oro puro para mí: un historial completamente ordenado por fechas y temáticas de acceso a webs eróticas, páginas de chats, etcétera, que me mostró por su contenido que mi vecina era una mujer emocional y sexualmente insatisfecha por su marido, de naturaleza sumisa y reprimida en cuanto a su bisexualidad, y si sabías encender su fuego más caliente que un volcán en erupción… además de direcciones de páginas webs, claves de acceso a las mismas y conversaciones grabadas de chats tenía una nueva carpeta de fotos completamente distinta a la que había visto la noche anterior. En ellas se podía ver a Marta – siempre ocultando su rostro- parcial y completamente desnuda, jugando con su cuerpo en diversas estancias de su casa… por lo general había sido bastante cuidadosa en escoger los planos y editar las fotos, pero imagino que en momento de máxima calentura o de distracción, o porque imaginaba que esas fotos nunca verían la luz, en un par de ellas se llegaban a distinguir los muebles de su salón y su foto de boda colocada en la repisa del mismo mientras ella, totalmente desnuda y abierta de piernas, se masturbaba metiéndose un bote de desodorante en el coño frente al espejo del recibidor… ya eres mía, pensé, y tras masturbarme otra vez furiosamente – tuve hasta tres orgasmos casi consecutivos esa noche- me quedé al fin dormida, rendida de placer…
A la mañana siguiente, ya con más calma, y tras meditar los pros y los contras, los riesgos y las ventajas, comencé a ejecutar mi estrategia de sometimiento de mi vecina: lo primero que hice fue cubrir mi rastro, y para ello compré por mediación de un mendigo de los que piden en la puerta de los supermercados una tarjeta SIM prepago en una tienda de telefonía, un viejo smartphone de los de batería extraíble en una tienda de artículos de segunda mano, y luego copié al mismo los contactos, fotos y documentos comprometedores de mi caliente vecina, Tras dejar pasar varias semanas para que no fuese demasiado evidente mi relación con lo que iba a suceder le envié un WhatsApp un viernes por la noche, cuando yo estaba de fiesta por ahí con mis amigas y a ella la suponía en casa viendo la tele con su familia
Buenas noches, “casada reprimida”…
Al cabo de un momento me llegó la respuesta apresurada
Se ha equivocado usted de número
Imaginarla sofocada, nerviosa al reconocerse interpelada por el Nick con el que se conectaba en diferentes webs y chats eróticos, con su esposo al lado, me empezó a calentar la libido, y sin darle tiempo para que apagase el móvil o me bloquease le repliqué…
No Marta, no me he equivocado, putita… y vete al baño para que tu marido no vea lo que te voy a enviar
Déjeme un paz, no sé quién es usted ni quien cree que soy yo, pero como deje de molestarme se arrepentirá
Ok, no vayas al baño, pero a ver cómo le explicas al cornudo la foto que le va a llegar a él a su teléfono particular, que es el 67…35
De acuerdo, deme un minuto, contestó apresuradamente mi madura vecina
Dejé pasar casi cinco – para que fuera aumentando su ansiedad- y al cabo de ese tiempo le adjunté una foto en la que ella, totalmente desnuda sobre la alfombra del recibidor y abierta de piernas frente al espejo del mismo, se frotaba los labios del coño con la zurda mientras con la diestra se fotografiaba con el móvil ocultando el rostro con él-. La cara estaba completamente oculta, pero reflejada en el cristal se apreciaban el zapatero de la entrada, coronado con una foto, y un reloj de vidrio que su marido no tendría problema en reconocer. Adjunta a la foto le añadí el siguiente texto
Ves Marta, no sólo eres una casada reprimida, sino también una perra caliente…
¿Quién es usted, cómo ha conseguido esa foto, mi número de teléfono y qué quiere? Le advierto que el robo de información confidencial es delito, y si no me deja en paz se meterá usted en un lio muy gordo…
Yo le repliqué de forma inmediata