Suegra inclemente

 Me encuentro casado con Áurea con la que tengo una hija, aún menor de edad. Me llamó Lito y tengo 32 años de edad, mientras que mi esposa solo tiene 24, con la que mantengo una buena vida sexual. Las relaciones con la familia de mi esposa han sido siempre buenas, especialmente con su única hermana y con su padre, pero no así con mi suegra, “Camila”. Esta, procedía de una familia bien acomodada, de carácter y tradición muy conservadora, y de alta alcurnia.


Mi suegra es todo un carácter, autoritaria como ninguna, que jamás da su brazo a torcer… siempre trata de salirse con la suya. Mi suegro es una “especie de corderito” a su lado, buena persona, trabajador, pero dominado íntegramente por su mujer a la que obedece en todo momento.


Por mi parte, tengo un carácter también algo difícil de lidiar, bastante independiente y me cuesta bastante ceder, especialmente ante las pretensiones de una persona con el carácter de mi suegra. Por ello, no era nada extraño que mantuviéramos continuas discusiones, lo que había llevado a mi esposa a tratar de evitar acudir a casa de mis suegros en mi compañía, salvo en ciertas celebraciones familiares ineludibles. La realidad es que mi suegra nunca quiso que Áurea se casara conmigo, puesto que ella tenía otras aspiraciones, y siempre había apostado porque su hija contrajera matrimonio con un terrateniente del pueblo.  Pesa a su oposición, y no serios enfrentamiento entre mi esposa y su madre, logramos casamos, y además a temprana edad.


Como ya les he indicado, con la finalidad de no enfadar a mi esposa y no hacerla sufrir, a veces soportaba y evitaba cualquier discusión con la madre de mi esposa, todo un toro desbocado conmigo. Pero, la realidad es yo la consideraba una mujer insoportable. No llegaba a comprender como su esposo podía soportarla tanto tiempo. Camila, pese a todo había dado a luz a dos hijas, aunque a muy temprana edad, ya que las tuvo a los dieciocho y veinte años.  


No obstante, pese al carácter infernal que tenía aquella mujer, no podía dejar de reconocer el “cuerpazo de mi suegra”, la cual conservaba una figura perfecta, bien modelada, con un cuerpo más bien delgado, y además con esa belleza innata, pese haber alcanzado los 40 años. Por el contrario, mi suegro era bastante mayor que ella… cercano a los 60 años. Era un hombre pacifico, con un talante pasivo, que intentaba no discutir con nadie, y se sometía por completo a los designios.


En varias ocasiones, cuando discutía mi suegra, observaba aquel cuerpo de mujer, con aquellos pechos más o menos grandes, pero que se denotaba firmes, y aquel trasero perfecto, con unas nalgas casi redondas donde descendían unas piernas bien modeladas, y sin una sola vena a la vista. La realidad es que, pese a animadversión que sentía por la misma, no podía por menos que reconocer que, la sola presencia de aquella hembra me producía una exaltación que no podía evitar, y que en el fondo me preocupada, ya que se trataba de mi suegra, la madre de mi esposa.


Aunque Camila vestía de forma severa y conservadora, y apenas se le podía vislumbrar sus piernas, en raras ocasiones, aun así, con su vestimenta tradicional, destacaba de forma natural la silueta de su buen cuerpo, la pujanza de sus tetas y su buen trasero y esas caderas anchas hechas para el pecado. Aunque intentaba evitar todo pensamiento obsceno sobre aquella mujer, era algo que se escapaba a mi control… “sin apenas pensarlo, solo con verla nota un estremecimiento en mi polla”. Por ello, en algunas ocasiones, decía para mis adentros “¡qué buena está la cabrona. ¡que buen polvo le echaría! Y, cuando nuestros encontronazos se elevaban de tono, la miraba y pensaba en voz baja… “¡esta puta lo que necesita es que le peguen una buena follada como Dios manda! ¡Necesita es que le demuestren quien es el que manda!”


Pero tanto va el cántaro a la fuente hasta que un día se rompe. Y así, un buen día, con ocasión de una reunión familiar, siguiendo la misma tónica de encuentros anteriores, mi suegra logró buscarme las cosquillas nuevamente, logrando hacerme perder la paciencia, y terminando, discutiendo abiertamente con ella. En esa ocasión, la fiesta familiar se llevó a cabo en una casa rural. Algunos familiares se enfadaron conmigo y entre ellos mi esposa, por lo que decidí salí fuera, dirigiéndome a la parte trasera de la casa con la finalidad de relajarme un poco. Allí aproveché para llamar a un amigo por el móvil, de quien tenía una llamada perdida.


Mientras hablaba por el móvil, hizo su aparición mi suegra. Nada más verla, se me encendió el cuerpo, ya que pensaba que venía de nuevo a buscarme las cosquillas. Sin embargo, observo que se acerca hasta donde me encontraba, pero no se dirige a mí, sino que llega hasta su vehículo que tenía estacionado en esa parte, justo al lado de donde me encontraba, y tras abrir el maletero intenta tomar algo de su interior.


Continué hablando con el amigo, mientras de reojo observaba a mi suegra que intentaba buscar algo que tenía en el maletero, y se ve que estaba bien adentro. Por tal motivo, reclinó su cuerpo para poder alcanzar un paquete que se hallaba dentro de esa parte trasera del vehículo. En ese momento, me quedé sorprendido al observar cómo se le subía un poco el traje que llevaba, el cual disponía de una abertura por uno de sus lados, y que me permitió ver las pantorrillas de aquella mujer. Terminé la llamada, y anonadado, me puse a contemplar aquella escena, ya que muy pocas veces podía verse las pantorrillas desnudas de aquella altiva y conservadora mujer.


Evidentemente, la visión de aquella morbosa escena despertó mi vástago, el cual se increpó dentro de mi pantalón. Presté una atención bastante descarada, con la vista fija en sus pantorrillas, recreándome en ellas, con el mayor descaro. Ello no pasó desapercibido para mi suegra, la cual de reojo, se percató de como la miraba, por lo que, gira su cabeza desde la misma posición en que se encontraba, aún con parte de su cuerpo alongado dentro del maletero, observando cómo se ruboriza al saber que le estaba mirando las pantorrillas. Rápidamente, con sus manos intentó bajarse el vestido, al tiempo que inmediatamente se incorpora. Tras cerrar el maletero del coche, vino directo hasta donde me encontraba y, de forma desafiante, me grita…


–     “No te da vergüenza mirar así a tu suegra”.


Haciéndome un poco el distraído, le contesté…


–     ¿Y, como la he mirado suegra?


–     No te hagas el tonto. Te he visto claramente mirando mis piernas. – Me responde de forma bastante brava.


Tras reponerme de la sorpresa de que se hubiera percatado de mis miradas, le dirigí una mirada desafiante, le dije…


–     La verdad suegra. ¡Me hubiera gustado que se le hubiera subido algo más el vestido! Al menos, así “podría haber apreciado mejor su trasero”.


–     ¿queee…? ¿y que tiene mi trasero? – Me contesta, casi colérica, pero a la vez intrigada.


–     ¿Quiere que le diga lo que pienso de su trasero? ¿De verdad quiere que se lo diga? – Le reté de forma descarada.


–     ¿Que estas insinuando…? ¿Qué tiene de malo en mi trasero? – Me repitió casi gritando.


–     Malo no. Al contrario, creo que lo tiene bastante bien. Ya sabe: “perfecto para una buena…”


No quise terminar la frase, ya que me parecía demasiado fuerte, pero quedándome con una sonrisa en mis labios. Evidentemente ella no era tonta, y comprendió lo que quería decirle. Mirándome de forma airada y fuera de sí, me responde…


–     ¿Qué estás pretendiendo decirme?… “que estoy buena para un buen polvo”. Seguro que es eso lo que querías decir, cabronazo… ¡Qué cabrón eres! No me respetas… ¡Ni siquiera pese a ser la madre de mujer!


Me di cuenta que aquella discusión había tomado otro cariz diferente a las otras, y animándome, le mire a la cara, y tras constatar que no hubiera moros en la costa, le dije…


–     Pues sí suegrita…. ¡Ese trasero lo que necesitando es un buen cipote! ¿Y sabe…? ”Una buena polla que atraviese todo ese tremendo culo”. Eso es lo que necesita… Vale… ¡Ya sabe lo que pienso de su culo! ¿Está contenta?


Mi suegra, no se podía creer lo que estaba escuchando. Sumamente encolerizada, levanta la mano e intenta pegarme un tortazo. No obstante, me percaté de sus intenciones y adelantándome con cierta agilidad logré sujetarle la mano, y tirando de su cuerpo hacia el mío, la obligué a doblar un poco su cuerpo, hasta que su cara quedó muy cerca de la mía. Con el mayor descaro decidí pegar mi boca a la suya, y sin inmutarme le “endosé un beso en los labios de mi suegra”.


Evidentemente, ella no se lo esperaba, y no supo reaccionar inicialmente. De hecho, se quedó inmóvil, perpleja, sin reacción. No obstante, tras unos momentos de incertidumbre, se apartó de mí soltándose bruscamente y diciéndome de forma malhumorada…


–     ¡¡Estás loco! ¿Qué pretendes? ¿Cómo te has atrevido al besarme? ¡Semejante sinvergüenza! ¡¡Ya verás cuando se entere la familia! ¡Verán todos lo sinvergüenza que eres! – Y, enrojecida y despavorida marchó hacia el interior de la vivienda.


Mientras se alejaba pensando una defensa atacante, le dije con mayor descaro aun…


–     Vaya y chuléese suegrita. ¿Qué les va a decir…? “que vino hasta donde estaba solo buscando una buena polla”. Porque ¿no va a negar que vino para eso?


Ante mis palabras, se detiene, se gira y me responde…


–     ¡Queeee! ¡Eres un desgraciado! Yo ya tengo a mi marido para que me eche un polvo. ¿Qué te has creído? ¡Que soy una puta!


Aquella discusión, pese a todo me estaba excitando, y me animó a continuar, por lo que sin apenas inmutarme le contesté…


–     Su marido es un buen hombre, pero, seguro que “no tiene lo que hay que tener pasa satisfacer a una yegua como usted” ¡Es mucha hembra para tan poco semental!


¡Mi suegra no daba crédito a lo que estaba oyendo! Resultaba manifiesto, que estaba descentrada. Mi reacción la había descontrolado por completo. Seguro que nunca se esperó unas palabras como las del marido de su hija en esos términos. Pero, contra todo pronóstico, Camila, en lugar de marcharse se vuelve hacia donde me encontraba, y de forma retadora me pregunta…


–     ¡Ah sí! ¿Qué quieres decirme? ¿Que tu si tienes una buena polla para satisfacerme? ¿Es eso lo que quieres decirme? ¡Pedazo de cabrón! ¡Qué sinvergüenza eres!


La realidad es que su regreso me había desconcertado. Pero ello no quedó ahí, sino que de pronto la mujer dirige su mirada hacia la bragueta de mi pantalón, y notó en ella un enrojecimiento. Su reacción era lógica. Había visto cómo mi polla se había envarado y mostraba una erección bastante notable, destacando su bulto en mi pantalón con un abultamiento plenamente visible que se extendía hasta mi muslo izquierdo con toda notoriedad. La realidad es que la naturaleza, siempre sabia, me había dotado de una verga bastante larga y con un respetable grosor. Por ello, ante la excitación  de la conversación mantenida con mi suegra, mi polla se increpó lo suficiente para que el abultamiento fuera evidente.


Me quedé un poco sorprendido del bulto que realmente se había formado en mi pantalón. No obstante, sin dudarlo mucho, le manifesté…


–     No se preocupe suegra. “Veo que está sorprendida observando el bulto de mi tranca”. ¡Quizás…algún día de estos la pueda comprobar en vivo y en directo en su… cucú…!


Aquello fue demasiado. La madre de mi esposa, totalmente fuera de sí, pero seguro que a su vez bastante excitada al mismo tiempo, me contesta histérica…


–     Pero… ¿Qué dices desgraciado? ¿Qué te has fumado hoy…? ¿estás colocado o qué…?


Dado que ya el daño estaba hecho, y si iba a recibir una bronca de los presentes o de mi esposa, ya daba igual, me atreví a contestarle…


–     Nada de porros suegrita, jamás me he drogado, ni emborrachado, ni he fumado tabaco… lo sabe bien. Pero, “un día de estos, estoy dispuesto a demostrarle lo que es un verdadero macho”. ¡Le voy demostrar cómo se folla a una yegua necesitada de polla como usted! ¡Y la pienso llenar de tanta leche que mi suegro necesitaría años!


–     No será para tanto… de todas formas, tu suegro… mi esposo ya ha preñado dos veces.


–     Yo creo que no hay dos sin tres… es lo que necesita para bajarle los humos, señora.


La madre de mi mujer se quedó perpleja, y, sin responderme, extremadamente acalorada, carraspeando, sin poder gesticular palabra, se marchó para el interior de la casa. Pese a todo, pude captar una última mirada hacia el bulto de mi pantalón, lo que me dejo intrigado. 


Tras marchar mi suegra, me quedé pensativo, ya que estaba seguro de que me había propasado, y sabía que me esperaba una buena reprimenda. No obstante, me sobrepuse y al rato entré en el salón como si nada hubiera sucedido, pensando que nada más entrar se iba armar una gorda.  Había pensado en que, hasta mi esposa, al saberlo sería capaz de divorciarse de mí. Pero, no fue así. Era evidente, que mi suegra quedó confundida. Quizás nadie le había hablado de esa forma. El silencio de todos evidenció que no hablo con nadie de lo acontecido. No obstante, ello no pudo evitar la mirada de odio que me dirigió en cuanto nuestras miradas se cruzaron.


Tras lo ocurrido, pasaron los días, y mi suegro cayó enfermo, conociendo a mi esposa sabiendo que se encontraba en cama sin poder levantarse, lo visitaba con frecuencia. Al preguntarle por su padre, ella me dijo, que debía ir a verlo.


–     Con tu padre no tengo nada. Es muy buena persona. Pero ¡sabes que no soporto a tu madre y nos vamos a ver…! ¡¡Seguro que ella tampoco me soporta!!


–     Ya. Pero al menos deberías intentar visitarlo, mi padre te aprecia mucho.


Recapacitando, le contesté…


–     Vale. Te prometo que hare un esfuerzo. Quizás si puedo iré el jueves a visitarlo, creo que tengo que pasar muy cerca del pueblo.


Y así fue como ese día, una vez acabado el trabajo después de hacer unas compras en una gran superficie de bricolaje, decidí visitar a mi suegro. Cuando llegué toque en la puerta de su casa y comprobé que nadie me respondía. Mis suegros posen un chalet en las afueras del pueblo, a unos nueve kilómetros del centro. Tras insistir, y, cuando ya pensaba en retirarme, observo que me abre la puerta Camila, mi suegra. Noté la cara de sorpresa ante mi presencia.


–     ¿Qué haces aquí? – Me dijo, reponiéndose de la sorpresa.


–     He venido a visitaros. ¿Acaso no puedo venir a visitaros? ¿Me va a impedir la entrada?  – Le insté.


–     No, claro que no. – me contestó en cierto modo contrariada.


Tras pasar al interior de la casa, me llevó hasta la habitación de mi suegro. Se encontraba en cama, aquejado de una dolencia lumbar que le impedía moverse. Estuvimos hablando rato y tendido hasta el punto de que perdía la noción del tiempo, no percatándome que había oscurecido. Por si fuera poco, el tiempo había experimentado un cambio radical en cuestión de minutos, viendo como el cielo se encapotaba de nubarrones negros, comenzando a llover intensamente varios minutos después. Al poco tiempo, hicieron su aparición los relámpagos, que resplandecían como destellos en la oscuridad de la noche. La realidad es que el tiempo se puso tan intempestivo, que mi suegro le dijo a su esposa, “Camila, Lito no puede marcharse tarde y en la forma que estaba el tiempo. Mejor se queda en casa esta noche”.


Noté como Camila enrojeció ante las palabras de su esposo. Inicialmente alegó algo escudándose en que mi esposa estaba sola, pero, ante la insistencia de mi suegro, terminó accediendo. La sentí muy contrariada con aquella decisión, pero no obstante me preparó una habitación, donde me duché, y tras ponerme un pantalón corto que a veces guardaba mi esposa allí, y una camiseta, salí a la sala. Camila le estaba dando de cenar a su marido. La medicación que tomaba mi suegro era bastante fuerte y claramente antinflamatoria y relajante, por lo que minutos después de haber cenado entró en un profundo sueño. A preguntas mías, Camila me comentó que, para el dolor, le habían suministrado el antiinflamatorio como todas las noches, para que pudiera descansar del tirón hasta la mañana siguiente, o no dormiría en toda la noche por los dolores. Tan efectivo era, que, al rato, constate personalmente que el mismo se había quedado profundamente dormido.


Salimos del dormitorio de mi suegro, y Camila me dijo… – Creo que será mejor que cenemos.


La seguí hasta la cocina. Ella también se había cambiado, y ahora llevaba puesta una bata de noche, que sorprendentemente no me pareció tan baja como en otras ocasiones, llegándole esta vez por encima de las rodillas, incluso a casi medio muslo, circunstancia extraña en ella. Noté que en algunas ocasiones se abría un poco la bata a la altura de sus pechos y me permitía divisar parte de sus hermosas tetas, lo que me produjo una erección casi inmediata. Mientras ella preparaba los platos en la cocina, yo me senté a la mesa, sin dejar de observarla. Camila al sentirse observada, mostrándose agitada, me mira, y me pregunta:


–     ¿Y a ti que te pasa? ¡¡Veo que no te cortas ni un pelo!  ¿Has olvidado que estas mi casa…? ¿Al menos debías comportarte?


–     Pero suegra. ¿Por qué se pone así? No le he dicho nada, solo me limitada a observaba. – Le comenté, añadiendo – ¿Le pone nerviosa que la observe?


–     ¿Qué…? Y ¿por qué iba ponerme nerviosa? – Intento reaccionar.


Ella, siguió terminando de preparar la cena. No obstante, le dije, para tranquilizarla y tratar de que el ambiente no se volviera tan arisco entre nosotros….


–     Camila, no debe ponerse así conmigo. Solo observaba su belleza. Me estaba diciendo a mí mismo, que estos años que la conozco no ha cambiado nada. Y, la verdad es que, debo reconocer, “que cada día está mejor”. Parece que los años no pasan por usted.


–     Que… mi belleza has dicho…  – se quedó algo sorprendida de mis palabras, y mirándome algo extrañada, me contesta – Ya, ¡Tú lo que eres es un caradura! Además, soy la madre de tu esposa, no deberías decirme esas cosas.


–     El que sea la madre de mi esposa no puede evitar que piense que es una mujer… ¡Y… sigue estando muy buena! – Le sonreía mientras hablaba. Pero, como siempre, al final siempre suelo propasarme y añadí – ¡Y ese trasero…! la verdad suegra, vuelve loco a cualquier hombre. Sinceramente creo que está poco aprovechado…


–     ¡Queeee…! – Me contesta mirándome con cara de reproche. Se pone de lado intentando evitar que me fijara en su trasero. Luego, con cierto nerviosismo me contesta – ¿cómo te atreves? Pero, ¡¿Qué te pasa últimamente?!


No obstante, logró serenarse y por fin nos sentamos ambos a la mesa a cenar. Tras terminar, constaté a través de la ventana de la cocina que afuera llovía torrencialmente, aunque no hacía frío, más bien mucha humedad y calor. Tras cepillarme los dientes, salí del baño y me encontré a mi suegra en el sofá viendo la televisión. Me senté en uno de los sillones sofá existente de frente a la misma. Me di cuenta de que Camila, de reojo, como quien no quería la cosa, dirigía su mirada hacia mi pantalón corto. Era evidente que ella buscaba conocer si su yerno estaba excitado o no. Aunque mi erección no era de momento muy importante, sí que el bulto de mi pantalón no negaba las dimensiones de mi aparato reproductor. En varias ocasiones capté su mirada y al verse sorprendida, se incorporó con la intención de marcharse, mientras miraba su trasero con autentico descaro.


Ella nerviosa, optó por dirigirse de nuevo hacia la cocina sin decir palabra. Esta estancia de la casa se encuentra bastante alejada del dormitorio principal donde se hallaba su esposo, por lo que, cualquier conversación era difícil que fuera escuchada desde el dormitorio. Y además, ambos éramos conscientes de que mi suegro estaba sumido en un sueño profundo.


Ante esta circunstancia, me armé de valor y fui tras de ella hasta la cocina. Mi osadía fue tal que al verla junto al encimera de la cocina tomando un vaso de agua, me acerqué hasta situarme detrás de ella. Sin saber porque, puse mis manos sobre sus hombros, y los acaricié como si tratara de calmarla. Percibí al momento que su cuerpo “se estremeció al sentir el contacto físico de mis manos”. Inmediatamente me intentó apartar diciéndome…


–     ¿Qué haces…? ¿Qué pretendes?


Sabía que era una completa locura, pero aquella mujer pese a su carácter autoritario e intransigente conmigo, “no podía dejar de pensar que me tenía excitado”. El morbo de lo prohibido me tenía enganchado, y creo que a ella también. Casi sin pensarlo me atreví a contestarle…


–     “sabe perfectamente lo que quiero”. Y, ¿creo que usted también lo desea suegrita?


–     ¡Queee…! ¿Estás loco? – Me contestó casi sin dar crédito a mis palabras – Sal de la cocina de inmediato… ¡estás chalado!


Lejos de inmutarme, en un acto de locura, logré sujetarla colocándola mirando hacia la encimera de la cocina, al tiempo que con gran decisión le logré levantar la bata hasta por encima de su trasero. Por primera vez aparecieron ante mis ojos las preciosas nalgas y muslos de aquella hembra, quien cubría su trasero con unas bragas de color blanco.


–     ¡Oh! ¿Qué haces, sinvergüenza? Suéltame…oh, Dios, pero que haces…. – Exclamo al sentir como el marido de su hija le estaba mancillando, subiéndole la bata y observando su trasero casi desnudo.


–     Vamos suegra. Relájese… ¡Joder, Camila! Pero… ¡Qué buena esta!  


Al tiempo que la sujetaba con la mano izquierda obligándola a mantener su cuerpo contra la encimera de la cocina, con la mano derecha tiré de sus bragas, logrando bajárselas hasta las mismas rodillas. La mujer quedo totalmente sorprendida por mi acción. Era evidente que no se esperaba aquella acción por parte del marido de su hija.


–     ¡Oh!  ¿Qué haces…? serás cabrón… ¡oh, me vas a desnudar! ¡Ohooo!


Mi suegra, estaba como paralizada. Apenas pudo articular palabra, mientras contemplaba como sus bragas se encontraban en sus rodillas, mostrando todo su trasero desnudo a su joven yerno. Me di cuenta de que aquella mujer mantenía un trasero redondo, y unas nalgas casi blancas, sin ninguna vena o piel de naranja visible. Aquella visión fue una delicia para mi vista y “me terminó de empalmar”. Debido a su propio forcejeo, sus bragas, con el movimiento cayeron al suelo del pavimento de la cocina. Sin pensarlo mucho introduje mi mano por entre aquellos muslos desnudos, logrando alcanzar por primera vez el coño de mi suegra. ¡Fue algo alucinante! Comprobé que mantenía una pequeña mata de vello que cubría el pubis, mientras que la vulva se encontraba pelada. La forcé un poco, presionando para que abriera mejor sus piernas, y al momento pude alcanzar los labios de su vagina, que, al contacto de mis dedos, constaté gran humedad.


«¡Joder!–  me dije ¡Qué mojada esta la putita! ¡Qué sorpresa!»


–     ¡Oh no me toque ahí! Pero… ¿Qué haces? Sinvergüenza noooo


–     Vamos suegra, sé que en el fondo lo está deseando. Se revuelve mucho, pero tiene todo el coño encharcado. “Es una buena hembra necesitada de verga”. ¡¡Joder que mojada está…!! ¡Vaya sorpresa!


–     Pero… ¿qué dices?, ¡no es cierto! – Exclamó intentado evitar mis dedos en su vagina – ¡Que no me toques! ¡Ohooo!


Había clavado dos dedos de mi mano derecha dentro de su raja, comprobando que entraron con gran facilidad dada su lubricidad. Al instante comencé a perforarla con los mismos, manteniendo un bombeo constante. Mi mano quedó totalmente empapada por sus flujos gomosos.


–     ¡Quítame los dedos de ahí cabrón ohooo! Te voy a denunciar… ohoooo noooo – Exclamó aterrorizada al ver como su propio yerno le estaba introduciendo los dedos en su vagina. Algo que para una mujer tan conservadora y altanera como ella era inconcebible.


–     ¡Cállese y disfrute! – Le dije, de forma autoritaria y totalmente excitado y sin dejar de bombearla con mis dedos – ¡Esta noche va a recibir lo que se merece! “Va a tener la polla de un buen macho en su coño”, y si puedo también en su culo.


–     ¿Qué dices? ¡Estás loco! ¡Déjeme!... No  ohhoooo


Mis fricciones en su coño, con la permanente penetración de mis dedos, hicieron que la misma se corriera pronto en un precoz orgasmo. ¡Realmente no me lo esperaba! Joder con la suegra, pese a su carácter tradicional y conservador, se había corrido nada más meterle unos dedos.


–     ¡Oh cabrón nooooo  oh siii me…. Ohooo  ohooo – Exclamó ella, mientras apretaba las paredes de su vagina intentado triturar mis dedos, al tiempo que se venía, viendo como cedía la presión, y mis dedos se llenaban de más y más fluidos vaginales.


–     ¡Vaya, vaya!.. ¡Veo que está bien caliente suegra!  ¡Qué putita! ¡Se has corrido solo con mis dedos! ¿Cómo será cuando le meta la mi tranca?


Sin más aspavientos, con una calentura de mil demonios, y, con total temeridad, decidí bajarme los pantalones, los cuales cayeron al suelo de la cocina, y al momento hice lo mismo con mi slip. Al instante deje al aire mi mandarria, que ya relucía con una erección de caballo, debido al morbo de aquella escena. Me percaté de que la situación me había puesto tan excitado, que mire mi cipote y, “hasta creí que la tenía más gruesa y grande que nunca.”


Sin pensarlo mucho, viendo que mi suegra estaba como relajada tras el orgasmo, viendo que sus piernas permanecían entre abiertas, acerque mi rabo metiéndolo entre ellas, con lo que pronto alcance la raja de su coño. Al instante sentí como mi glande se empapó de sus flujos, y sin esperar reacción, de un golpe de riñones “le logre encajar casi dos tercios de mi tranca”


–     Ohoo noooo ¡!Qué daño! Ohoooo  sáquela  aaaaggg ohooo.


Pese haber tenido dos hijas, la realidad es que su coño me pareció estar bien estrecho. Pero ello añadía una satisfacción mayor a mi penetración, por lo que le dije…


–     Así suegrita. Ya la tiene dentro… ufff…. ¡Qué caliente tiene el coño!” Se ve que estaba bien deseosa” ¿eh suegrita? ¿Necesitaba mi polla? ¿Verdad?


–     Ohoo ¡Por favor… sáquela, no seas loco! Y… ¡¡Además sin condón!! Ohoooo


Ante sus palabras, recordé que mi suegra todavía estaba en época fértil, por lo que podía resultar preñada. En ese momento me di cuenta de que mi pretensión no dejaba de ser bastante peligrosa, y que debía haber usado un condón, pero la situación era tremendamente excitante y en ese momento tampoco tenía ningún condón a mano. Me olvidé de mis prejuicios, y ante el calor del coño de aquella mujer, le terminé de clavar mis 22 cm de polla. Ella arqueo su espalda al sentirse totalmente atravesada por mi tranca, quedando apoyada sobre la encimera de la cocina, mientras desde atrás, mi polla estaba completamente pegada a sus nalgas. ¡Tenía a mi suegra completamente atravesada por mi polla!


–     ¡Ohoo cabrón… lo has hecho ohooo nooooo!


Mi suegra al sentir toda mi daba árabe dura y curvada dentro de su vagina, quedó entregada. Hacía amagos de soltarse, aunque percibí que lo hacía con poca convicción. Sin lugar a duda la situación del momento pudo con ella. Sentir la tranca de su yerno en todo su coño, era algo morboso y a la vez muy desafiante, especialmente para una mujer tan conservadora como ella.


Tras sujetarla bien fuerte con ambas manos, comencé a bombearla sin piedad… dentro fuera, dentro fuera…. Mi cipote entraba totalmente envarado hasta el mismo fondo en su vagina, una y otra vez, golpeando mis huevos en su culo, algo que ambos notábamos. Jamás pensé que follar a mi suegra me fuera a propiciar tanto placer. Realmente aquella era una hembra singular. El morbo del momento, el llevar días sin sexo, y contemplar el intenso calor de la vagina de la madre de mi esposa, fue un momento propicio, y decidí recréame en él. Mientras la follaba, contemplaba su perfecto trasero, sus nalgas blanquecinas, y como mi tranca salía una y otra vez de su coño bastante engrasada por sus fluidos entre ambos cachetes de sus nalgas, para volver a envainársela hasta el mismo fondo. ¡Era algo espectacular! ¡Inenarrable!


–     Ohoon ¡Debes sacarla…! Ohooo cabrón ¡Oh me ha llegado hasta el fondo! Ohoo… nooo


–     Sí suegrita. La tiene toda dentro. Veo que le gusta la polla del marido de su hija. ¿Verdad que le gusta suegra? – Le grité alocado, sin dejar de penetrarla ni un solo instante.


–     Calla sinvergüenza… oh Dios mío que locura estás cometiendo…


Arrecie con mis bombeos, lo que motivo que, al poco tiempo, comprobara como aquella mujer comenzaba de nuevo a sentir los estragos de un nuevo orgasmo. Todo ello se pudo en evidencia, al sentir como las paredes de su vagina volvían a contraerse, apretando al máximo mi tranca, como si quisiera estrangularla, para poco después ver como todo su cuerpo cedía, teniendo que sujetarla para evitar que cayera desvanecida al suelo. Era notorio, que la madre de mi mujer había alcanzado un nuevo orgasmo que la había dejado casi sin fuerzas.


Entonces, mire alrededor buscando algún apoyo, y me fije en la propia mesa de la cocina. La misma tenía una altura óptima, por lo que, tras extraerle mi verga, la llevé casi empujándola hasta echarla sobre la propia mesa, boca arriba. La misma estaba tan sedada por el anterior orgasmo, que apenas puso impedimento, limitándose a exclamar…


–     Oh más no…. ¡Qué haces, cabronazo! pero… ¿qué vas hacerme…?


En aquella posición, con todo el cuerpo de aquella mujer echada de espaldas sobre la mesa de la cocina en el lugar que solía ocupar su marido para comer, pude contemplar la cara de excitación de mi suegra, ahora frente a frente. Me fije por primera vez “en su coño”, observando los carnosos pliegues que formaban sus sobresaliente labios internos y la pomposa vulva que los rodeaba. Tras obligarla abrir sus piernas, contemple con mayor detalle “su chocho”, con los labios inflamados y el hueco abierto por las fricciones de mi tranca. La visión de aquella vagina aumento mi excitación.


Miré mi tranca, totalmente erecta y enfilada hacia delante con una severa curvatura por la rigidez que mantenía, ahora con el glande descapullado por la tremenda excitación, y ante su atenta y excitante mirada, acerque mi ariete nuevamente hasta la altura de su vagina y se la volví a clavar. Pero, ahora de frente, y mirándola a la cara. En esa nueva posición mi polla llegó hasta el mismo útero de la suegra. 


–     ¡¡Ohh cabrón ohooo nooooo otra vez nooooo… ohooo!!


Tras darle unas cuentas inserciones en aquella posición, abrí su bata, ante su sorpresa, que intentó evitar, quedando solo con el sostén de color blanco que llevaba puesto. Tras contemplar que se alojaban un par de preciosas tetas maduras, tire del sostén hacia abajo con fuerza, en plan sádico, quedando sus tetas al aire, mostrando unas mamas de mediano tamaño, pero con unos pezones bastante negros y pronunciados. Igualmente me sorprendió contemplar la piel blanca de su cuerpo y tetas, a las cuales nunca le habría dado el sol.


Al ver coma le desnudaba sus tetas, ella exclamo…


–     ¡Joder, me vas a desnudar Ohoo joder… mis tetas nooo!


–     ¡Joder suegrita! ¡Qué tetas más preciosas! ¡Uuhhhh! – Y sin poder contenerme, acerqué hasta ellos mi boca, chupando y lamiendo los mismos, sin dejar de perforar su coño ávido.


–     Ohooo noooooo


Pese a sus protestas, era manifiesto que mis sobeteos y chupeteo a sus tetas le estaba haciendo mella, y notaba como su vagina se abría más, e intentaba colaborar. Me la estuve follando durante varios minutos en aquella posición. La miré a la cara, y me quedó reflejada en la memoria la cara de perra en celo que estaba poniendo mi suegra. Aquella mirada demostraba que “Camila estaba disfrutando del polvo que le estaba echando”. Ello me animó a continuar atravesándola y mamando sus pezones sin descanso. En un momento dado, deje tranquilos sus pechos, ella me dice…


–     ¿Sabes lo que estás haciendo verdad? ¡Te voy a denunciar…! ¡Se lo diré a todo el mundo! Ohooo… más no ohoooo


–     Lo que usted diga suegra. Pero ¡¡hoy me la voy a follar bien follada! – La dejé casi sin palabras, mientras arremetía mi penetración, perforando sin descanso su caldeado coño.


–     Joder… eres un cabrón. ¡Ohooo  por favor…!


–     Vamos suegra. No se queje tanto. En el fondo está disfrutando. Necesitaba la polla de un macho como la de tu yerno. ¿Acaso va a negarlo? Vamos suegra…. ¡Así… abrase bien ese coño que se lo voy a terminar de perforar! ¡Uf! ¡Qué buena está, mi querida suegra! Y qué bien va a notar la lechada que le voy a descargar en el fondo del coño…


Mis palabras y mis penetraciones nos estaban llevando a ambos al clímax. Ella constató que estaba a punto de correrme, percibiendo como mi tranca se iba engrandeciendo dentro de su vagina. Lo que la instó a suplicarme…


–     Debes salirte. Tienes que correrte fuera… no estoy protegida.


¡Pero yo quería demostrarle quien mandaba! Por ello, le contesté…


–     ¿Acaso no quiere mi leche suegra? Pues, ¡¡Yo creo que necesita que le rieguen bien ese coñito! – Y, sin dejar de bombearla, percibía mi pronta eyaculación. Pese a conocer que estaba aún fértil, la situación del momento, y mis enormes ganas de eyacular dentro de aquel caliente coño, me llevo a decirle – ¿Ha visto mis testículos lo gordos que son, suegra? ¡Pues los tengo repletos de leche! Llevo días sin follar con su hija por problemas de la regla de su hija y usted para a paga el pato… porque los tengo a reventar…


Mis palabras la excitaron aún más…


–     Estás loco… “ni se te ocurra”. ¡Me podrías dejar preñada…! – me contesta, mostrándose verdaderamente preocupada. Lo note en sus ojos.


–     Ya sé que todavía es fértil. ¿A lo mejor le damos un hermanito a mi esposa? ¿Se lo imagina…? Un nene que su esposo no pudo darle… – Fue mi contestación.


Ella me miró fijamente a la cara, lanzándome una mirada felina, pero, en el fondo noté que me estaba retando, como acostumbra hacer siempre conmigo. Su cara notaba furor, ira y excitación, diciéndome condescendiente y provocadora…


–     ¡Ni se te ocurra! Además “creo que estoy en mis días fértiles”. No eches tu lefa dentro de mi útero… ni se te… – no pudo terminar la frase, especialmente al sentir como mi tranca se endurecía al máximo en su vagina –  ¡Ohoooo nooooo cabrón…! ¿lo vas hacer? Ohoo nooo


Entre ambos quedaba un hueco por donde mi suegra se asomaba para ver el rejón que formaba mi polla hundiéndose en el barbecho de su raja…, desde ahí se perfilaba mis huevos balanceándose en los azotes que le daba a su culo, una y otra vez. Yo estaba desmadrado hincando con fiereza y notando como sus paredes me apretaba el glande, sacándome unas sensaciones abrumadoras de placer, más al conocer que se encontraba en sus días fértiles. A mi esposa aun no la había preñado, y mis deseos se cercenaban al no estar aún preparada para ser madre…, sin embargo, ver a mi suegra entregada a tal hecho, fue el acicate perfecto para que mi semen comenzara a manar descontroladamente, percibiendo como salía disparado con suma potencia regando el coñito de mi suegra. Viendo que ya me corría, “clave mi daga lo más que pude dentro de su vagina”, y presioné con todo el peso de mi cuerpo echándome sobre el de mi suegra, clavando profundamente mi daga, para comenzar a “vaciarme dentro de ella”. Realmente me sentí liberado, gozoso. Eyacular dentro del útero de la madre de mi esposa, era algo que había soñado, pero que jamás pensé que se pudiera hacer realidad.


–     ¡Oh “te estás corriendo”! ¡Ohooo… me vas a preñar! Ohooo noooo oooh … Joder cómo me llenas ohooo noooo, ¡Siento los chorros calientes den mi matriz, CABRÓN!


Para mi sorpresa, aquella hembra al sentir mi leche regándola por dentro, entró en éxtasis y comenzó a convulsionarse nuevamente, comprobando como alcanzó un nuevo orgasmo casi al unisonó con el mío. ¡Fue algo fenomenal!  Hasta la fecha nunca había alcanzado el orgasmo al mismo tiempo con mi esposa, y esa señora tuvo su tercer orgasmo a la vez que sentía me leche.


Me quedé unos momentos con mi cuerpo apoyado sobre el de mi suegra. Pesé aquella posición forzada sobre la mesa de la cocina, con toda mi daga clavada hasta la empuñadura dentro de su conejo, mantuve la posición. Nuestros cuerpos y nuestras caras estaban realmente muy cerca. Noté los sudores de su cara y su cuerpo, que se entremezclaban con los míos. Deduje que no había reproche en su cara, estaba sumamente relajada y era manifiesto que había disfrutado de este nuevo polvo… la notaba como de mejor humor y nada contrariada por la jodienda.  


Sin decirnos nada, decidí retirar mi daga de su coño, mientras me fijaba en la enorme abertura que había dejado en su chochete. Sus labios ahora se veían más enrojecidos y la hilera de semen que salía su coño entre los carnosos labios internos, demostraba que mi eyaculación había sido copiosa.


Ella se fija igualmente en cómo había quedado su vagina. Luego, dirige su mirada hacia mis genitales, observando que mi tranca había descendido un poco tensión, pero aún se mantenía dura. Volviendo a mirarme a la cara me dice…


–     “Al final lo has hecho” ¡Eres un desgraciado! Y “encima te has corrido dentro de mi coño con un mogollón de esperma” ¡¿Joder cuanto eyaculas tú?!  Y, ahora ¡¡que…!! ¿y, si quedo preñada de ti? ¿Cómo se lo digo a mi esposo que ya no me sirve para follar?


Evidentemente me quedé un poco preocupado. Ella entonces, se baja de la mesa y sin esperarlo me soltó una tremenda bofetada que sonó en toda la cocina y resto de la casa, saliendo a toda prisa hasta el baño, dejando atrás sus bragas. Me repuse como pude. En el fondo sabía que me lo tenía merecido. No me puse los pantalones, sino que los recogí del suelo, recogí también sus bragas, y así medio desnudo de cintura para abajo, entré al baño donde ella había entrado. Como este permanecía abierto, al entrar volvía a cerrar la puerta, esta vez con el pasador. Ella la verme…


–     Pero… ¿Qué haces aquí…? ¿Vuelves otra vez para follarme, cabrón?


–     Necesito lavarme un poco suegra. No tengo otro baño. ¿No pretenderá que vaya al baño de su dormitorio de matrimonio…?


Viendo que ella se estaba lavando en el bidet, me acerqué al lavabo y comencé a lavarme un poco la polla y los huevos… ella miraba mi mostrenco. Y tras secarme la esperé, quedándome aún desnudo de medio abajo con mis genitales al aire. Curiosamente, mi polla, pese haberme corrido hacia poco, mantenía nuevamente una erección aun. Ver el trasero desnudo, completamente blanco de aquella mujer, al tiempo que se secaba, me volvió a empalmar. Noté la cara de sorpresa de ella al contemplar mi polla…


–     Pero… ¿Otra vez estás empalmado? ¿No pretenderás de nuevo…? ¡¿Cuántas veces te follas a mi hija al día?! ¡Con ese pollón debes dejarla reventada a la pobre...!


–     Cierto que no le puedo dar todos los días, lo tiene bastante estrecho, eso parece que es heredado de su madre… por eso necesito desahogarme un poco más ¡Esto no ha acabado suegra! La noche es larga. Creo que me falta otro agujero. – Con la caradura.


–     Queéee... ¿No lo dirás en serio? ¿No pretenderás metérmela por detrás? Pero… ¡¿tú de que vas hijo de puta?! ¡¡Por el culo nadie me la ha metido jamás!!


–     Tal vez ya va siendo hora, ¿No crees suegra? A ver si se te baja la mala leche…


Ella mira mi daga totalmente endurecida nuevamente, y dicha visión le iluminó la cara, percibiendo su excitación. Resultaba manifiesto que la madre de mi esposa había disfrutado del polvo que le había echado en la cocina, pero, aún continuaba necesitada.


–     Me he prometido que “ese culito” también será mío…. Mucho más sabiendo que aún lo tiene virgen. Pero será por poco tiempo. ¡De esta noche no pasará!


Ella, al escuchar mis palabras y ver mi decisión, intentó salir del baño, pero retiré la llave. Ella me miró diciendo…


–     ¡¿Qué haces?! Abre la puerta. Voy a gritar.


–     Grite si quiere. No creo que lo haga. No querrá que lo sepa todo el mundo. O ¿quiere que todos se enteren de lo ha gozado con ese polvo?


–     No insinúes que soy una puta, desgraciado. – Me contestó de forma autoritaria como acostumbra a mostrarse.


–     Ya, pero esta noche será mía. Vamos suegra ponte mirando hacia el espejo de frente al lavabo, “para que este macho te monte”. ¡Quiero encularte como te mereces!


–     ¡¿Queee?! Estás chiflado… ni lo sueñes. ¡Tendrás que violarme! – Me dijo retándome.


Aquello más me enceló. Someter a la madre de mi esposa era algo que me excitaba enormemente. Por ello le contesté…


–     Si quiere que lo hagamos a la fuerza, ya sabe que me excita aún más.  “Suegrita sabe que voy a montar de todas formas”. Mi nabo le ha gustado, es del tamaño perfecto para usted... los más de 20 cm le han entrado sin problema y los apretaba con ganas…


La tomé con decisión y logré quitarle la bata, dejándola únicamente con el sostén que llevaba puesto. Luego la coloqué a la fuerza contra el lavabo, y acto seguido le destrabé el sostén por atrás, con lo que de un tirón se la terminé de quitar.


–     ¡No oh! ¡¿Me vas a desnudar?!  Nooo


La madre de mi esposa quedó en cueros, totalmente desnuda colocada contra el lavabo. Me fijé en el espejo y ahora sus tetas destacaban claramente. La situación conllevaba un morbo muy excitante. Le separé las piernas dándole unas nalgadas.


–     Oh, pero ¿qué haces…? no me pegues ohooo


–     “A las putitas que no hacen lo que se les dice, se las castiga”.


Que la tratara de esa forma, era evidente que igualmente tenía excitada a Camila. La obligué a que se abriera un poco, y observé aquel trasero con aquellas nalgas redondas y blancas. Tomé con una mano un poco de crema de manos que estaba a mi alcance y me unté los dedos, para luego meterlos por entre las nalgas alcanzando pronto su ano. La mujer gimió al sentir como mis dedos untados por la crema, comenzaban a masajear todo el oficio, hasta que uno de mis dedos se introdujo sin dificultad dentro de su culito.


–     Ohoo noooo cabrón nooo


–     Ya ve suegrita. Le entra con mucha facilidad… se nota que lo tiene bien cerrado…


Pese a sus protestas, pronto dos de mis dedos se hallaban horadando su culito, ensanchándolo poco a poco. Resultaba manifiesto que aquella hembra aún permanecía virgen por ahí, y que jamás había sido violentado, y lo mejor es que se podía haber escapado y se encontraba allí a la espera de que le diera su ración de rabo. Pero, pese a todo, su esfínter se dilataba que era una delicia. Pronto tres de mis dedos entraban dentro del mismo, abriendo cada vez más su ano.


–     ¡Oh! saca ya tus dedos de ahí… ¡Te voy a matar! Oh me abres ohoooo nooo – protestaba la misma.


–     Claro suegra. Los sacaré, pero para meterte otra cosa mejor, que le va a encantar.


 


Contemplar aquel trasero blanco, con aquel agujero que comenzaba a ensanchar por el frotamiento de mis dedos, me terminó de poner el falo a punto. Sin dejar de sujetar a mi suegra, me unte un poco de crema en la punta del nabo, y luego lo acerque al agujero trasero de mi suegra. Presioné con decisión y ante mi asombro, comprobé que su esfínter se tragó de una sentada, casi una tercera parte de mi polla. Era estrecho, pero la crema y mis dedos habían hecho un buen trabajo.


–     Ohoo nooo cabróooon…. por ahí noooooo – gimió aquella, sorprendida, al sentir por primera vez en su vida, como un polla entraba en su orificio anal.


Por supuesto, aquel culito había soportado algún que otro supositorio, pero lo que ahora tenía, era mucho más grande. Mi tranca, comenzó a endurecerse cada vez más, a medida que iba entrando un poco más dentro de aquel orificio.


–     ¡sacala ohooo!


–     ¡Calla putita!  ¡Qué bien le entra suegra…! ¿Seguro que siempre había soñado con tener una en su culito? Pero no pensó jamás que fuera la de su yerno ¿Verdad?


–     Oh Lito. No seas desgraciado y sácame eso de ahí. Me vas a reventar… Oh joder tienes una polla muy gruesa para un coño, ya no te digo para mi culito…  ¡Te juro que de esta de mato! ¡Ooh cabrón! – Rechistaba mientras soportaba estoicamente como mi falo iba entrado un poco más dentro de su orificio.


La realidad es que yo únicamente había practicado el sexo anal en una ocasión, pero estaba vez, la morbosidad de empalar a mi suegra añadía un aliciente más… me encantaba el hecho de joderla dándole por el culo, literalmente. Pese a dolerme igualmente el nabo a medida que iba entrando en su parte trasera, dada la estrechez de las paredes de su ano, poco a poco me di cuenta de que aquel iba cediendo y se abría cada vez mejor, fui aplicando algo más de crema. La observé en el espejo, ella me miró, y vi la cara de cierta amargura al sentir mi cipote en su trasero. Mirándonos ambos a la cara en el espejo, tomé impulso y de un golpe de riñones le terminé de alojar complemente mi falo en su trasero. Noté como mis pelotas golpearon sus nalgas, signo evidente de que se la había terminado de encajar totalmente. Contemplé la cara de mi suegra, enrojecida, soportando el dolor de tener en sus intestinos todo mi falo. La sensación fue tremenda. Ahora tenía sometida completamente a mi autoritaria suegra, totalmente atravesada por mi polla, abriendo su ano al máximo y demostrándole que en verdad quien manda es el macho y no la hembra gobernanta.


–     Sácala cabrón… te voy a matar ohooo me duele ohoooo


–     Relajarse suegra. Ya la tiene toda dentro… ahora es cuestión de tiempo que se amolde a mis 6 cm de grosor y los 22 de larga que tiene metidos en su esfínter.  


Lejos de hacerle caso, comencé a entrar y salir de ella, primero con suavidad y fui aumentando el ritmo, perforando sin piedad aquel hermoso trasero, con un bombeo constante. Aquella hembra estaba sorprendida, pero comprobé en su rostro que pronto, aquel se fue transformando… Camila empezaba a colaborar empujando ligeramente hacia atrás. La cara de excitación de mi suegra en el espejo, al contemplar como su joven yerno se la estaba follando por el culo, perforando sin piedad su trasero una y otra vez, resultaba sumamente morboso. Yo la miraba a través del espejo, mientras la clavaba con mayor intensidad, encontrándose las miradas una y otra vez, escrutando nuestros gestos. Comencé a sudar mientras seguía empalando aquella fenomenal hembra.


–     ¡Joder suegra! ¡Que montada le estoy dando! “Es una buena putita”. ¿Necesitaba que la montaran de esta forma? ¿Verdad?


Ella me miró con cara de desaprobación, pero pronto bajaba la cabeza soportando estoicamente cada una de mis estocadas. Para aumentar la excitación comencé a hurgar con mis dedos su conejito, observando que aquello causó mella en mi suegra. Eso la excito más y la penetración anal comenzó a resultar más placentera para ambos. De hecho, comprobé como mi polla comenzó a entrar y salir del culito de la madre de mi esposa con soltura. Es más, percibí de nuevo como Camila comenzó a colaborar y ahora, era la propia mujer la que echaba su trasero hacia atrás yendo al encuentro de mi tranca con mayor solicitud, lo que conllevaba que mi daga entraba entera y la atravesara hasta el mismo fondo, azotándose sus nalgas contras mi pelvis sin cesar, sin miramientos y sin dar crédito, observé como mi suegra entro nuevamente en éxtasis.


Aquella mujer, autoritaria, casta y conservadora, ahora iba alcanzar un nuevo orgasmo, pero esta vez mientras era penetrada analmente. Comenzó a convulsionarse, apretando con fuerza las paredes de su ano atrapando mi polla dentro, llevándome al clímax.


–     Ohhhh si ohooo Dios ohooo oh suegra… siga así.


No pudiendo más, comencé a deslecharme dentro de su culo. Mi semen volvió a salir a borbotones. Era algo que jamás había pensado, pero mi leche volvía a entrar en el cuerpo de mi suegra, pero esta vez en su orificio trasero. Ambos nos quedamos quietos tras acabar. La miré al espejo, teniéndola aun totalmente enculada, observé su cara completamente acalorada, enrojecida, donde varias gotas de descendían por su rostro. No me dijo nada.


Decidí salir de ella, y al salir, fue como el descorche de una botella de champan. Miré el tremendo boquete que había dejado en su culo, y por el que comenzó a manar restos de mi semen. Ella se giró, e intentó golpearme de nuevo. Pero esta vez, la sujete fuertemente, la dejé mirándome a la cara, retadora, desafiante. Lejos de inmutarme, acerque mis labios a los suyos y la bese en la boca.


No sé qué paso, pero noté como ella entreabrió sus labios y me recibió, manteniendo ese beso durante más de un minuto, en los que las lenguas también jugaron su papel.


Cuando terminamos, me suelta y me dice…


–     Al final los has conseguido. Me has humillado. Es lo que pretendías ¿verdad?


–     No suegra, no se trata de ninguna humillación. Lo que pretendía “es follármela”. Me he cascado muchas pajas pensando en cómo iba a poseerla. Y ¡Por fin ha sido mía! ¡Me interesa como mujer, como hembra… no como enemiga – Le contesté morbosamente, sin soltarla.


–     Pero ¿y mi hija? ¿Es que ya no la quieres? – Me pregunta con cierta sorpresa por mi parte.


–     Claro que la quiero suegra. Pero, “es que usted me vuelve loco” para mí es un reto… ¡No sabe las ganas que tenía de follármela! – Comenté mirándonos frente a frente.


–     ¡Eres un pervertido! ¡Un sádico!  – Se detiene y añade – Me has mancillado, jamás mi esposo me había hecho algo semejante, y solo para tu diversión y disfrute.


La miré a la cara y le dije… – ¡Pero le ha gustado! Sé que realmente ha disfrutado. ¿Verdad que jamás se la habían follado de esta manera por el coño…?


Ella agachó la cabeza, signo evidente de que había acertado. Luego me vuelve a reprochar…


–     ¡Pero, en la cocina te corriste dentro de mi útero… y estoy ovulando! ¿Y si me has dejado preñada…? ¿Qué voy hacer, qué voy a contar…?


–     No debe preocuparse tanto. Tan pronto se recupere el suegro, le echa un polvo. Y, “si queda preñada”, seguro que él nunca dudara que sea suyo.


Ella me mira, y recobrando aquella cara de autoritaria que siempre había conocido, me contesta…


–     ¡Qué fácil lo ves! Ya me cuesta mucho levantarle la polla a mi esposo, tendré que usar la pastilla azul que no tengo…. Pero “esto no quedará así.” ¡Y lo sabes! ¡De esta de vas a acordar, cabronazo… correrte dentro del coño de tu suegra, te va a salir caro…!


Le mire a la cara y retadoramente le dije…


–     Y ¿qué va hacer suegra? ¿Se lo va a contar a su hija, a su esposo? ¿Me va a denuncia por casualidad? ¡Acaso va a decirme que no disfrutó! He visto la cara de gusto cuando me la he follado por el coño, pero casi más por el culo. Sin lugar a dudas, creo que lo ha estado deseando toda la vida. En el fondo necesitaba ser “montada de esta forma”.


Ella, agitada, se desprende de mis brazos y sale del baño algo enfadada, mientras termino de lavarme y asearme un poco.  Tras acabar me coloqué mis pantalones y marché a mi dormitorio a dormir. Dormí plácidamente, como un auténtico bebé. Serían casi las siete de la mañana cuando me levanté. Tras asearme un poco, bajé hasta la cocina, y observé que mi suegra ya se encontraba levantada. Al verla, observé con extrañeza que la misma llevaba puesta esa mañana una falda no muy baja, más corta de lo que acostumbrada a llevar, y una blusa. Con aquella indumentaria resultaba una hembra digna de poseer. El pensar que me había podido follar la noche anterior aquella mujer, me dejo sumamente triunfante. Luego me acerqué hasta ella…


–     Buenos días suegrita. ¿Qué tal la noche? – Le decía al tiempo que la tomaba por la cintura, y le besaba en el cuello.


Ella se revolvió y, con cierto enfado me respondió…


–     ¡Pero! ¿Es que aún vas a continuar? ¿No tienes bastante?


Le di una palmada en el trasero, y le dije…


Uhm suegrita, me la follaría nuevamente sobre esta mesa. Pero, antes necesito recuperar fuerzas. Veo que está preparando un desayuno suculento.FIN DEL PRIMER CAPITULO

CAPITULO 2


Ella me mira, termina por calmarse, y me pone el desayuno. Tras desayunar, observé el móvil y tenía un mensaje de mi esposa, preguntándome cómo había pasado la noche. La llamé y me preguntó qué tal me había portado con su madre. Le conteste en alta voz, para que lo escuchara mi suegra, al tiempo que me acercaba a ella…


–     Ya sabes. Tan autoritaria y mandona como siempre, pero “creo que, a partir de ahora, ambos nos comportaremos mejor”. En el fondo es una gran mujer.


Ella me mira, y tras acercarse al encimera de la cocina, una vez acabado de hablar con su hija…


–     ¿Así que soy muy mandona y autoritaria?


–     Y lo es suegrita. Pero en el fondo, quizás sea esa una de las cualidades que más me atrae de usted….  Bueno, y el tremendo cuerpazo que tiene… y lo bien que folla.


Ella no me respondió. Creo que en el fondo le alago estas palabras.


Tras saludar al suegro, el cual ya se encontraba despierto, decidí marcharme. El tiempo había descampado, por lo que bajé al garaje para coger el vehículo y regresar a casa. Ese día, estaba dudando en si debía acudir al trabajo. Me despedí de la suegra diciéndole…


–     ¿Qué,  suegra? ¿No va a darle un beso de despedida a tu yerno?


Ella me mira, sin saber si cachetearme o darme un beso, y termina por contestarme…


–     Vamos lárgate ya. ¡Si no fueras el marido de mi hija, te denunciaría ahora mismo! Sal antes de que me arrepienta. ¡Sinvergüenza! – Ese “Sinvergüenza” sonó cariñoso.


Me dirigí al garaje en la planta baja. Cuando me disponía a arrancar el vehículo, sin aún haber abierto la puerta del garaje, veo acercarse a mi suegra. Traía algo en la mano, un bolso. Me bajé para ver que deseaba, diciéndome ella…


–     Se me olvidaba, ¿puedes llevarle esto a mi hija? Es un bolso con algunas cosas dentro.


–     ¡Por supuesto Camila! – Le dije, mientras vi algo en su mirada.


Era como un brillo especial en sus ojos. Era la mirada de “una perra en celo”. Pensé para mí, “esta mujer creo que tiene más ganas de guerra”. Está pidiendo a gritos que me la vuelva a follar. Podía equivocarme, pero ¡aquella mirada!


Tras colocar el bolso dentro del coche, me acerque hasta donde se encontraba, de pie al lado del vehículo, ya que no se había retirado. La miré de arriba abajo. Noté su excitación al ver como la contemplaba, y me pregunta…


–     ¿Por qué me miras así? ¿No pretenderás…? Ni se te… Ohooo…... Otra vez no.


Yo me acerqué hasta ella, y le contesté rodeándola con mis brazos…


–     Uh suegrita, que buena hembra está hecha. “Está deseando que le meta otra follada”. Es algo tarde, pero… ¡no me importa! ¡Que se joda el trabajo! ¡¡Creo que me la voy a montar otra vez! Ya buscaré una buena excusa en el trabajo por el retraso…


Ella no se retiró, por lo que la tomé suavemente y la forcé a apoyarse en el capó del coche. Con mi corpulento cuerpo la tomé y la alcé colocándola sentada sobre el capó. Acto seguido, y ante su atenta mirada, le subía la falda hasta la cintura, comprobando que estaba vez llevaba una bragas rojas. Tomé los laterales de las mismas con mis manos y tiré de aquellas sacándoselas completamente por sus piernas y dejando toda su vagina al aire.


–     Pero Lito… ¿Qué haces?  No otra vez noooo ohooo


Sin contestarle, me bajé los pantalones hasta las rodillas junto con mi slip, mostrándole abiertamente a mi suegra mi cipote, el cual estaba nuevamente en plena acción. Ella lo observa y sin esperar un segundo lo agarra para comprobar su dureza, y exclama…


–     ¡Oh cabrón como estás otra vez!  ¿No pretenderás meterme ese pollón nuevamente?


Sin contestarle, abrí un poco sus piernas, y tiré de ella para que su culo quedara justo al borde del coche y a mi altura. Luego acerqué mi falo hasta su coño, pase mi glande por toda la ranura de su vagina, embadurnado el mismo con sus jugos, y la dejé entre sus labios vaginales. Luego la miré a la cara, noté su agitación. En el fondo aquella mujer necesitaba que la volviera a penetrar. Sin contemplaciones de una sola estocada se la envaine hasta la misma base, pegándonos los vellos púbicos que se entrelazaron en señal de amistad y deseo compartido.


–     Oh Lito…Oh cabrón despacio… la tienes muy gorda y dura… y mi coñito es estrecho.


–     ¡Uf suegra como tienes ese coño! ¡¡Vamos disfrute!! ¿Has venido porque querías que te follara nuevamente? No lo niegues. ¡Necesitabas despedirte a lo grande!


Ella sin mucha decisión en su palabra me responde… – ¡no es cierto…estas equivocado…!


Sonriendo y con toda mi tranca alojada en su coño, le dije….


–     Lo que usted diga. Pero ¡¡sigue bien caliente! ¡Tiene el coño como una caldera en ebullición!  Y me encanta… me gusta mucho follarla ¡¿Lo sabe?! – Y era verdad. Me di cuenta del intento calor que desprendía el cuerpo de mi suegra, pero especialmente su vagina.


Ella me mira, se ruboriza y me contesta…


–     ¡Me he tomado la temperatura esta mañana!” ”Creo que estoy ovulando”.


Aquella confesión me dejó desencajado. No me lo podía creer. Mi suegra pese a saber que estaba ovulando había venido a buscarme. Aunque era innecesario le pregunte de nuevo…


–     ¿Seguro que está ovulando…?


Ella, me mira retadoramente, y luego con auténtica cara de perra en celo, me contesta con su cabeza afirmativamente…


–     ¿Acaso no lo notas dentro de mi coño? ¡Si te corres me vas a preñar!


–     Uhm suegra. “Estás deseosa de que te deje Preñada”. En el fondo buscas que tu yerno te haga un hijo. Uf… pues… ¡creo que vas a terminar consiguiéndolo!  ¡Te lo prometo! Porque en mis huevos hay bastante leche recién fabricada esa noche.


–     No puedes tener mucha leche… anoche me llenaste por delante y por detrás.


–     Ni te imaginas como producen esperma estos dos gemelos, más si los estimula usted.


Ella se agita, y me contesta sin ninguna convicción…


–     Estás loco Lito. No puedes volver a correrte dentro de mi coño. Debes hacerlo fuera o si quieres te hago una paja o una mamada. Si me llenas el útero… ¡Me vas a preñar!


Era evidente que la madre de mi esposa estaba deseosa de polla nuevamente, y por eso había venido a buscarme. Al decirme que lo hiciera fuera, reconocía que necesitaba ser follada, pero aun no tenía una excusa para que yo le hiciera una panza. No obstante, yo estaba alucinado. Mi suegra no solo había venido buscando polla, sino que encima me reconocía que estaba ovulando. Lo que me estaba ocurriendo en esa visita a la casa de mis suegros, lo recordaría toda la vida. Me percaté de que no solo me la iba a follar con su consentimiento, sino que además corría el riesgo de quedar preñada. Podía hacerlo una panza a mi propia suegra antes que a mi propia esposa. Mi nabo comenzó a crecer aún más dentro de su vagina con aquella noticia.


Ella noto igualmente como mi nabo creció y se endureció. Comencé a penetrarla en aquella posición, clavándole mis 22 cm hasta la misma base una y otra vez. Camila, esta vez comenzó a colaborar y se abraza a mi cuerpo, me clavaba sus uñas en mis nalgas tirándome hacia dentro de ella para que mis insertadas fueran más profundas. Esta vez ambos estábamos disfrutando como dos enamorados sobre el capo del coche. No paso mucho tiempo, antes de que ella volviera a contraerse y notar como alcanzaba el orgasmo en aquella extraña posición.


–     ¡¡Oh si reviéntame cabrán.  Métela toda… Ohoo siiiii!!


En ese momento, al encontrar tan receptiva mi suegra. Tome la decisión de correrme dentro nuevamente. Ya no importaba nada… ¡¡Deseaba dejarla preñada! De eso no tenía la menor duda.


Por ello, tras recuperarse, acerqué mi boca a la suya, y aquella me recibió enlazando nuestras lenguas y aumentando nuestra excitación. Mi tranca entraba y salía de su coño, penetrándola una y otra vez, diciéndole…


–     Suegra eres una buena hembra. ¿Notas cómo te entra mi polla en tu coño…?


–     Oh sí cabrón. ¡Joder cómo la tienes…! La noto bien dura… me abres las entrañas con ese pedazo de cipote tan grueso y largo. – Exclamo al tiempo que no paraba de besarme.


–     ¿Te gusta la polla del marido de su hija? ¡Qué putita eres suegra!


–     ¡¡Vamos cabronazo!! ¡Termina… vamos lléname de su hombría…! – me instó aquella.


La miré a la cara y le dije…


–     ¿Sabes que te voy de dejar nuevamente mi semilla dentro? ¡Creo que de esta visita vas a quedar bien Preñadita!  ¿Lo sabes verdad? ¿Dime que quiere mi lefa espesa en su coño? Has venido a por ella y te la vas a llevar metida en el útero.


–     ¡Oh Lito! No seas loco…. ¡Oh joder como estás esta mañana!


Y es que mis penetraciones eran más precisas, más profundas, y mi daga me parecía mucho más dura y gruesa que otras veces, clavándose en modo rejón en ese coño de mi suegra que era tierra de barbecho para sembrar. El calor de su coño me enardecía. Mire alrededor, y observe la presencia de una silla en el garaje. Atraje la misma, y saliendo de mi suegra, me senté en ella, y le dije…


–     Vamos suegrita. ¡Es hora de que cabalgue este macho! Vamos monte a su potro.


Aquello la excito. La misma se apeó del capó del coche, mira mi rabo totalmente inhiesto como un mástil, y noto en su cara como se recrea con la visión del falo. Lejos de evitarme, se acerca hasta mi altura y se colocaba horcajadas sobre mí, abriendo sus piernas, al tiempo que va acercando su coño hasta dejarlo a la altura misma de mi cipote… pone el glande en la boca del coño, luego, me mira a los ojos, me besa en la boca, y sin más, se deja caer, clavándose el falo hasta los huevos.


–     ¡Oh cabrón… que grande la tienes! ¡Cómo me abres! Ohoo siiii joder… me ha entrado toda hasta el estómago… ¡¿No se la meterás todas a mi hija?!


–     Por supuesto que sí… su hija tiene el mismo coño tragón que usted. Vamos, así suegrita. Vamos, sé que le gusta mi polla mucho más que la de su esposo. Cabalgue ahora la polla de su querido yerno. Vamos sáqueme toda la leche… ¡Ordéñeme!


Eso la excito y al instante comenzó a cabalgar mi polla como si de una autentica amazona se tratará. Notaba como sus pezones y tetas estaban en punta, por lo que ansioso, le abrí la blusa y dejé sus tetas fuera para que revotaran ante mi vista. Observé como los mismos rebotaban y se movían de un lado al otro, al tiempo que ella saltaba sobre mi falo. Estiré mi mano para alcanzarlas. Eran unas tetas, hermosas, botando firmes y duras, con una piel suave... ambos gemíamos muy fuerte. Mi polla la llenaba completamente.  Camila subía y bajaba sobre mi polla, al tiempo que gemía y gritaba de placer. Parecía una autentica puta. Jamás había tenido una hembra como aquella con tantas ganas por gozar de mi mástil. Su hija nunca estaría a su altura.


–     Joder suegra. ¡Qué bien lo hace! “Es una autentica amazona”. Vamos siga montando a su yerno. Sáquele toda la leche que tiene acumulada en los huevos. Vamos suegrita.


El chapoteo que se escuchaba, con cardíaco ritmo, aumentaba la sensación de placer…, nuestros cuerpos se tensaban y las piernas de ambos temblaban. La fuerza con la que apretaba sus nalgas hizo que el tronco de mi suegra se incorporara, viéndome obligado a ayudarle con una mano en la espalda. Al rato, me doy cuenta de que mi suegra me abraza y comienza de nuevo a correrse, terminado rendida, cayendo hacia delante sobre mi pecho… notaba la presión de su coño contra mi tranca, como succionaba con sus músculos vaginales.


Tras ello, me descabalgó, y ella misma la que se echó sobre el capó del coche. Sabía que me iba a correr. Me acerque y la volví a clavar. El calor de su vagina me excitaba y pronto mi descarga se hizo inevitable. Estaba a punto de correrme. Una corriente eléctrica recorría ambos cuerpos mientras ella se abría al máximo para que mi ariete le entrara hasta el mismo útero. ¡Mi suegra estaba completamente empalada! Aquella hembra tenía la polla que necesitaba y lo estaba disfrutando al máximo. Sus manos me sujetaba de la cadera y sus piernas se cruzaban tras de mí.


Me iba a correr. Entontes le dije…


–     Te voy a “volver a llenar suegrita”. Oh si…vas a recibir mi leche calentita directa al útero. ¿Verdad que lo deseas? Vamos ¿dime que deseas todo mi esperma fértil?


Ella me mira excitada, con aquella cara de loba en celo y me contesta…


–     ¡Oh cabrón… veo que quieres hacerlo de nuevo…! ¡Oh dios que locura…! ¡Estás loco! ¡Me vas a preñar…! – Luego me mira fijamente a la cara y me contesta –  Siiiiiii,  vamos córrete dentro de una puta vez ¡Hazme un hijo… quiero un varón con tus genitales! Vamos cabrón… no te contengas más… ¡¡Lléname… préñame…siiii ohhooo!! 


Terminando de hablar mi verga comenzó a escupir semen con gran intensidad, lechada tras lechada. Me había recuperado durante la noche por lo que mi descarga en su caliente y frondoso coño, resultó nuevamente copiosa… esa facultad de recuperación es algo de lo que estoy muy orgulloso también. Nuestros cuerpos se tensaban para que mi corrida fuera mucho más profunda. Volví hacer lo mismo y me apoyé sobre ella con mi daga aún dentro, al tiempo que la besaba románticamente. Como una autentica hembra en celo, ella me correspondió, entrelazando nuestras lenguas dentro de las respectivas bocas del otro, abrazándome con fuerza contra ella.


Permanecimos en esa postura, con toda mi lanza aún dentro de ella, durante uno cuantos minutos. Luego salí de ese maravilloso coño. Acto seguido, ella se bajó del capó, observa su vagina y verifica la hilera de semen que le bajaba desde la misma. Me mira a la cara y me dice…


–     ¡Oh Lito, estoy seguro que de esta me has preñado! “Me has llenado como nunca”.


–     Suegra. “Le juro que ha sido el mejor polvo que he echado”. Ni su hija podrá superarlo


Ella entonces, acercó nuevamente sus labios y me besó nuevamente en la boca. Pero esta vez tiernamente, y de forma totalmente romántica, y me pregunta…


–     ¿Estás seguro que lo hago mejor que mi hija? ¡Ella es una mujer joven!


–     Completamente seguro. Jamás me he follado una mujer como usted.


–     ¿Y te has follado a muchas antes que a mi hija y a mí?


–     No es propio de un caballero hablar de eso ante una dama.


–     ¡Qué cabrón eres! Por qué nos gustarán los sinvergüenzas a las mujeres salidas…


Tuve que volver a entrar en la vivienda y asearme. Luego tomé el coche y marché para el trabajo… llegué media hora tarde, pero nadie se apercibió de ello. Pasó la mañana y mientras me dirigía a casa, pensaba en todo lo ocurrido, y la posibilidad de que la madre de mi esposa pudiera quedar preñada de mí, por los polvos recibidos y en los líos que la podía haber metido con su familia.


Pasó casi mes y medio, y continuaba preocupado con el hecho de que la madre de mi esposa pudiera haber quedado preñada de mí. Ya comenzaba a pensar que ello no había sucedido, porque me suegra no había comentado nada, hasta que una tarde al llegar a casa mi esposa me dice…


–     ¿A qué no sabes quién está embarazada? ¡¿No te lo vas ni a imaginar?


–     Pues ni idea. – Le dije algo intrigado, aunque nervioso ya que me lo estaba imaginando.


–     ¡Mi madre!


–     ¡¿Tu madre?!  A estas alturas. Vaya sorpresa… ¡¿No tomaba medidas anticonceptivas?!


–     Que va… parece que los testículos de mi padre aun responden a la llamada de la vida… pensando que ya no servían, y mira por donde me la ha preñado…


Pasaron los meses, y mi suegra ya aparecía con una barriga de seis meses de gestación. Ella, durante una conversación me había indicado que había seguido mi consejo y había hecho el amor con su marido en los días siguientes con la ayuda de las Viagras que yo le facilité. El esposo estaba completamente seguro de que el bebé que venía era suyo…, sin embargo todo indicaba para ella que había sido producto de la infidelidad que tuvo con su yerno. No obstante, pasado ese primer susto, me di cuenta de que aquella mujer aún preñada me continuaba excitando.


Un día, en que la misma había venido por casa, ya que las cosas andaban mejor entre nosotros, y eso era percibido por todos…, encontrándome en la cocina, y habiendo salido mi esposa, me acerqué por detrás, y le dije muy descaradamente…


–     Joder suegra. ¡Pero qué buena está incluso preñada!


Ella me mira, me sonríe, y me dice…


–     ¿No me digas que te gusto así tan panzona? ¡Eres un sátiro de mucho cuidado!


–     No sabe cuánto suegrita. “Me la follaría ahora mismo”.  ¡Quiero dejarle me leche!


Ella me miro, y note cierto brillo en sus ojos diciéndome…


–     ¿en tu casa? ¡Éstas chiflado! ¿Cómo se te ocurre?


En ese momento suena el móvil comprobando que era un wasap de mi esposa, donde me indicaba que aún tardaría en regresar unas dos horas más, ya que en la peluquería había bastante gente. Pero me recalcó que no saliera de casa para quedarme al cuidado de su madre, hasta que ella llegara, por si le ocurría algo a la preñada de mi suegra.


Al escucharlo mi suegra, se le iluminaron los ojos….


–     Ya lo ve. Su hija me pide que cuide de usted.


–     Y a qué estás esperando para comenzar con los cuidados que me debes hacer…


Sin pensarlo, la tomé de la mano y la llevé hasta mi dormitorio. Una vez allí, la desnudé completamente, contemplando aquel cuerpo con aquella reluciente buena panza. Resultaba sumamente excitante contemplar aquella mujer preñada, con aquella barriga, y el color blanco intenso de su piel. Observé su trasero y recordé como la había enculado en al baño de su casa, y aquello me fue endureciendo la polla hasta el punto de que ya emergía furiosamente en mi pantalón mostrando un bulto ostensible.  


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Observé a mi suegra, ahora totalmente desnuda. Me di cuenta de que pese a llevar ya seis meses de gestación, continuaba manteniendo una figura encomiable. Ella se dio cuenta de la excitación que me produjo verla, observando mi tranca nada más bajarme el pantalón.


–     ¡Hijo de puta como estas!, – me dice, al tiempo que echa mano a mi tranca, la manosea, y me dice –  ¡Que pasa! ¡¿Mi hija no te satisface suficientemente?!


–     Sí, sabe usted que sí, pero lleva unos días con problemas vaginales, y está en tratamiento. – Le conteste sonriendo.


–     ¿No le habrás pegado ninguna ETS?


–     No mujer, es algo que le ocurre de vez en cuando… tiene la vagina estrecha y yo como la tengo demasiado recia…, cuando follamos muy de continuo se le irrita y nos toca una semana o más, de barbecho.


–     Es que estás muy salido y necesitas a hembra con el coño tragón… hecho a tu grosor.


–     No hay muchas a mi alcance, excepto una…


Ella entonces me toca los huevos, me los soba y me dice…


–     ¡Ya veo que te tiene a pan y agua! Joder cabronazo los tienes repletos… se te nota bien duros. ¿No me digas que quieres descargarlos dentro del coño de tu suegra…?


–     Le voy a llenar ese coño como Dios manda. – Le susurre, añadiendo – Seguro que lleva deseándolo que me la folle desde la última vez ¿me equivoco? – Mientras le besaba sus desafiantes tetas que comenzaban a llenarse de leche lactante. 


Ella en lugar de contestarme, se colocó boca arriba acostada sobre la cama y me invitó a poseerla. Al ver como se abrió de piernas, apareciendo aquel coño abierto, con los labios totalmente empapados por la excitación, mi rabo se increpó de tal manera que sin poder contenerme lo enfile cual matarife hacia su raja y, de un solo empujón, le envainé más de dos terceras partes del mismo.


–     ¡Oh despacio…! ¡Oh… cómo me abres… oh! Piensa en nuestro bebé y no seas duro…


De un segundo empujón mi tranca quedó alojada completamente dentro del coño de mi suegra. Note la cara de satisfacción de la misma, mientras le decía…


–     ¿Qué suegrita…le sigue gustando la polla de su yerno? ¡Qué buen coño tiene suegra!


La verdad es que follar aquella mujer era un auténtico placer. Mi polla, a medida que la follaba, aumentaba de tamaño, dureza y sensibilidad. Era algo increíble.  


La realidad es que mi suegra follaba mejor que su propia hija, y eso, es una afirmación perfectamente contrastada, unido al morbo de estar preñada, no había color.


–     ¡Oh! Sigue así cabrón…. Dame caña…. Oho siiii… – exclamaba ella a medida que le comenzaba a bombear en las profundidades de su coño una y otra vez con mi daga.


Tome sus piernas y la abrí en forma de tijera mientras la bombeaba sin para una y otra vez. Era manifiesto que mi suegra estaba recibiendo una follada que no recibía desde hacía tiempo, quizás nadie se la había follado con tanta desfachatez a como lo hacía yo. La enfermedad de mi suegro le imposibilitaba realizar el amor en condiciones, por lo que ser penetrada por su joven yerno, era todo un acontecimiento para la misma. Notaba como se movía su panza a medida que la empalaba con mi tranca, sin el menor miramiento se la enterraba hasta los huevos una y otra vez. Tras varias penetraciones más, ella no tardó mucho en alcanzar el primer orgasmo de la tarde…


–     Ohhh siiiiiiii me corro, cabronazo… ¡Cómo lo haces para que me corra tan rápido! ¡Joder, me revientas ohooo! ¡La metes entera, hijo de puta!  – Exclamaba mientras sentía como las paredes de su vagina apretaban al máximo mi tranca, para luego desvanecerse totalmente al tiempo que alcanzaba el clímax.


Luego la puse a cuatro patas como una perra preñada, en plan perrito al borde de la cama se veía encantadora, y observo su hermoso trasero, contemplé su agujero anal, el cual ya había también sido desvirgado por mí aquella noche. Pero ahora solo quería follarla vaginalmente. Mi nabo entró como un misil en su ya lubricado coño hasta hacer contacto ambos vellos púbicos.


Era todo un acontecimiento morboso ver reflejado en el espejo de la habitación el cuerpo de mi suegra a cuatro patas al borde de la cama, con aquella panza que ya destacaba perfectamente. Sus tetas colgaban hacia abajo desafiantes y ya bastante mayores preparándose para la lactancia. Aquella imagen me quedó grabada en la retina, y sin más contemplaciones comencé a penetrarla ferozmente como un verraco. Eran tan potentes que noté como mi polla se infló al rato, mientras comenzaba a expulsar otra buena ración de caliente semen dentro de la vagina de mi suegra. Al sentir el batir de mi leche dentro de ella, entró nuevamente en éxtasis, lo que le llevó a alcanzar un nuevo orgasmo, mientras yo la continuaba penetrando una y otra vez sin dejar de deslecharme, soltando lastre dentro de ella…


–     ¡¡Joder, suegra… qué corrida me estoy dando en su coño!!


Cuando termino, ella se hecho sobre la cama, observó su coño y me dijo…


–     Hijo de puta. Me has llenado otra vez con una cantidad ingente de leche… ¡Ya decía yo que los tenías bien cargados! Ya los conozco bien esos huevos duros que se te ponen…


–     No sabe cuánto suegra. Fabricar leche para usted es algo de lo que no me cansaré…


Ella morbosamente toca mis cataplines para comprobar que habían descendido de grosor y dureza, al tiempo que me pregunta….


–     ¡¿Qué…?! ¡¿Te ha dado morbo follarte a tu suegra preñada…?! He visto la expresión de tu cara en el espejo mientras me follabas y el gesto de la eyaculación ¡Menudo cabrón!


–     Joder suegra. Así Preñadita está para estarla follando todos los días. Voy a tener que visitarla más a menudo.


Nos besamos y descansamos un rato para luego asearnos y esperar a mi esposa. Pero ella me dijo…


–     Olvídate de nuevos encuentros. Lo he estado pensando y esto tiene que acabar. Eres el esposo de mi hija. Te debes a ella… no puedes volverme a follar… no está bien que les pongamos los cuernos a mi esposo y a tu esposa, que además es hija mía.


Pese a que protesté, ella se puso bastante firme y furiosa, para que me diera cuenta de que lo estaba diciendo en serio. Sabía que ella tenía un carácter muy fuerte. Por ello me callé.


 


Al mes siguiente mi esposa nos dio la feliz noticia de que se encontraba también preñada. La familia se puso muy contenta. Era todo un acontecimiento casi inesperado, al menos para mí, porque contaba que tomaba la pastilla y no deseaba tener hijos todavía, pero mira por donde la tenía preñada también… ¡Había logrado preñar a la madre y a la hija el mismo año! Solo seis meses de diferencia. Pasaron los meses y mi suegra por fin dio a luz un niño, eso la llenó de gozo y emoción, tanto que no supo cómo agradecerme que la hubiese preñado de su añorado varón. Todos estaban muy contentos, y así fueron pasando los días. Trascurridos unos seis meses decidieron bautizar a la niña. Mi esposa estaba ya de ocho meses de gestación, por lo que su barriga así lo manifestaba. Tras la ceremonia, se reunió toda la familia en un conocido restaurante, donde se comió y bebió hasta bien tarde, casi de noche.


Me había percatado que mi suegra, aún en período de lactancia, en lugar de perjudicarla, la realidad es que “la había rejuvenecido” su figura se había recuperado sin un ápice de haber pasado por un embarazo… pese a los seis meses de su alumbramiento, aún mantenía sus tetas bastante voluminosas debido a la lactancia. Ella se dio cuenta de mis miradas a sus tetazas, y le noté un cierto nerviosismo, el cual se incrementó cuando comprobó a lo largo de la tarde, “sus pezones habían mojado el sostén e incluso se trasparentaba en su vestido”. Esa situación la puso bastante alterada y especialmente cuando captó mi mirada, viendo como enrojecía.


Ante aquella situación, con un estado de nerviosismo más que evidente, le dice a mi esposa que tenía que ir a la casa, ya que notaba que se le había mojado el sostén con su leche, y no tenía otro vestido que ponerse. Mi mujer intentó quitarle importancia, diciendo que no se preocupara que los presentes éramos de la familia, pero eso no la convenció. Entonces mi esposa me llama aparte…


–     Lito… ¿Puedes llevar a mi madre a su casa? Tiene que cambiarse, y me parece que el más cuerdo e indicado a estas horas eres tú, ¿te importa?


–     Caro mujer. No faltaba más. La realidad es que era de los que menos había tomado, por lo que le pareció lo más correcto.


Ya en el camino, ella me dice…


–     Vaya situación. Esto nunca me había ocurrido. Mis pechos han comenzado a manar leche. Me he mojado todo el sostén, y se me ha trasparentado hasta el propio vestido.


–     Eso es bastante normal. No tienes por qué preocuparte tanto. Además suegra, ¡tiene unas tetas de escándalo! ¡La verdad es que el embarazo la ha rejuvenecido!


Ella me mira, se sonroja y me contesta…


–     ¡¿Lo dices en serio o te quieres cachondear de mí?!


–     Nunca he hablado más en serio. Está más guapa que nunca, más sexy y atractiva.


Entonces ella se fija en el bulto de mi pantalón, y me dice…


–     Pero Lito… ¿no me digas que vuelves a estar empalmado conmigo?


–     Lo siento, es que solo verla me pone a punto. ¿Qué quiere que haga?


Ella se pone nerviosa y me contesta…


–     Pues tendrás que hacerte una paja. Aquello no puede volver a ocurrir más. Tienes a tu mujer, y además, ahora también está preñada ¡Vas a tener un hijo con ella! Así que… ¡Nunca más volverá a ocurrir! ¡Ya te lo advertí!


No le conteste. Llegamos a su casa, y notaba que la mancha del vestido formada por la leche a la altura de sus pechos era más que evidente.


–     ¿Suegra que va hacer ahora? Si se vuelve a poner otro sostén así, como están sus tetas llenas de leche, seguro que se le vuelve a trasparentar. Y,… tampoco tiene a la niña para que le pueda extraer la misma.


Ella me mira y me dice… –  Y ¿qué quieres que haga? No pretenderás extraerme tú la leche de mis tetas, ¿verdad?


–     Por mí no hay ningún problema. ¡Sabe que lo haría de mil amores si me lo pide! – Le contesté morbosamente.


Ella se sonrojó de nuevo y me contesta…


–     ¡Eres un cabronazo! Con tal de verme las tetas eres capaz de ello. Pero no te daré ese placer. Sabes que aquello debe terminar.


–     Como quiera. Yo lo decía con la buena intención –  Le conteste sonriendo.


Ella se metió en su dormitorio, pero veía que tardaba bastante en salir. Al rato escucho que me llama y me dice… – Lito, ¿puedes entrar?


Entré en su dormitorio observando que ella tenía una falda puesta, y se había colocado un sostén nuevo. Sin embargo, el sostén nuevo, igualmente se encontraba manchando con el manar de su leche. Nerviosa me mira y me dice…


–     He intentado sacarme la leche con una pezonera, pero resulta imposible. Y, ¡así no puedo acudir al restaurante…!


Sin pensarlo mucho y en la idea de que jamás lo permitiría…


–     Déjeme vaciarle un poco esas mamas, si no tiene sacaleches yo puedo hacer las veces del mismo. Las tienes repletas y necesitas descargarlas un poco.


Ella me mira, entre deseosa y agitada. Tras pensarlo un rato me dice…


–     Sé que es una locura. Pero, ¡prométeme que solo me descargarás la leche de mis tetas! Que no te propasarás para endiñarme un polvo a traición…


Sin contestarle, me quité la chaqueta y la camisa. Ella al ver mi torso desnudo exclama…


–     Pero… ¿Para qué te vas a desnudar?


–     Tranquila suegra. No quiero que se me manche la ropa. ¿Luego qué pensaría la gente?


Eso la tranquilizó algo. Entonces me  acerqué a sus tetas, y ella entonces se sacó una teta del sostén y me lo mostró. Observé aquella teta voluminosa, con el pezón negro y bastante hinchado.  Pese a mi excitación, deposité mis labios en ella, y al instante mi boca se llenó del sabor de leche materna. Su sabor agridulce, pero, aunque no era agradable la sorbí. Pronto me vi tragando sorbos de leche materna, pese a que no me sabía muy bien para mis gustos, claro.


Me di cuenta que tras unos buenos sorbos, la teta cede en su presión. Ante esto, cambie de teta y comencé a descargar la otra. Al terminar, estaba atragantado de aquella leche materna. Ella me mira, y me dice da las gracias…


–     No sabes en alivio. Pero ¿no entiendo cómo te gusta esa leche? ¿No te parece amarga?


–     Es cierto que lo es, se trataba de ayudarle. Y sabe que siempre estoy solicito a ello.


Me fije descaradamente en aquellos dos voluminosos pechos y añadí…


–     Suegra, reitero lo dicho. Con el embarazo se ha puesto mucho más buena que antes. ¡Tiene unas tetas de escándalo para una buena cubana!


Ella me mira sonrojada, observa el bulto que ya se había formado en mi pantalón…


–     Lito…que bruto eres. ¿Cómo se te ocurre decirme eso? No me respetas nada. – Sigue observando el bulto del pantalón y añade – Sé en lo que estás pensando, pero te dije que aquello terminó… no es justo que los volvamos a hacer unos cornudos.


Yo le sonreí diciéndole…


–     Vamos suegrita. Aunque sea una simple cubana con esos magníficos pechos.


–     Estás como una verdadera cabra… ¡que no!


–     Mire suegra, Tenía pensado en echarle un buen polvo esta misma tarde, pero me conformaría con una cubana… solo con el fin de ordeñarme usted a mí.


–     ¡Por favor Lito, que tenemos que regresar! Ya estamos tardando bastante… ¡Tú siempre tan alocado! – Contestó agitada e intentando no mirar el bulto de mi pantalón.


–     Qué más da unos minutos más o menos. Vamos suegrita. ¡Compruebe como tengo la mandarria! – Le volví a decir mostrando el bulto de mi pantalón – ”Estoy seguro que tiene las bragas mojadas en solo pensar cómo tengo mi cipote para usted”.


Ella me mira, y me dice…


–     ¿Te conformaras solo con una cubana?


–     Se lo prometo.


Ella entonces dirigió sus manos a mi pantalón, me los bajó y también el slip, dejando mi polla al aíre, ahora libre de su encierro, con una excitación tremenda.


–     Joder… ¡como estas! – Me dice mientras la toma en sus manos, y colocándose de rodillas delante de mí, coloca sus tetas alrededor de mi rabo y comienza a frotar las mismas contra ella.


Era una verdadera delicia contemplar la cara enrojecida y caliente de mi suegra, batiendo sus pechos y teniendo como eje mi tranca. No tardó mucho, y al poco tiempo descargué mi carga de semen acumulada en todo su cuello y tetas… otra buena parte en su propia cara.


–     ¿Satisfecho? – Me preguntó dando por acabada la faena.


–     Me hubiera gustado follarla, pero por hoy es suficiente.


Me mira y me dice… – ¡Te dije que nunca más!


Tras asearnos regresamos al restaurante. Pero evidentemente me quedé con las ganas de meterle un buen polvo a mi suegra. Ya por la noche estuve pensando en lo ocurrido, y al no poder follar con mi esposa, ya que se negaba en su estado de embarazo, mi calentura fue enorme, y me vi obligado acudir al baño y desahogarme haciéndome una paja. A los tres días de aquello, tenía una calentura de mil demonios, y estaba pensando en meterme en internet para nuevamente desahogarme. Sin embargo, al llegar a casa mi mujer, la misma me dice…


–     Ay Lito… podrías acercarle a mi madre este bolso. Estuvo esta tarde en casa. Se le olvidó y sé que ella lo necesita porque lleva toda la documentación, tarjetas y dinero, además de unos medicamentos que le hacen falta para papá. Ya sé que vienes cansado del trabajo, pero… porfa cariño, lo necesitan.


–     No hay problema mujer. ¡Claro que lo haré! Lo primero es antes – Le contesté.


En el fondo aquello me terminó de excitar, hasta el punto que temí se me notara el bulto en mi pantalón. Solo saber que iba a la casa de mi suegra, y además en aquellas horas de la noche, mi polla creció bajo el pantalón. Yo sabía que a esas horas mi suegro habría cenado y estaría ya durmiendo con el somnífero que se tomaba. ¡Iba a tener a la suegra solita!


Al llegar a la casa, tras tocar en la puerta, ella salió a mi encuentro, y sorprendida pregunta…


–     ¡¿Lito…?! ¿Qué haces a esta hora por aquí?


–     He venido a verla. ¿No le parece buena idea? – Le conteste sonriendo y pasando al interior de la vivienda, casi sin que ella dijera nada.


–     Seguro… ¿Venga dime a que has venido? – Me vuelve a preguntar bastante nerviosa, y franqueándome el paso. Era evidente que mi presencia la agitaba sobremanera.


–     He venido por dos motivos… Uno para traerle el bolso que se dejó en casa. Y otro, “porque tengo unas ganas enormes de echarle un buen polvo” – Le digo tocándome el bulto de mi pantalón, con total descaro.


–     Pero… ¡Qué bruto eres Lito! ¡Sabes de sobra que aquello terminó!  Debes marcharte, que tienes a tu mujer sola. – Contestó nerviosa, agitada, pero eso sí, sin dejar de mirar el bulto que se había formado en mi pantalón y que yo no evitaba mostrárselo.


Ella me notó excitado y no iba de farol al ver que me acercaba hasta ella, fue  retrocediendo hasta cerca del mueble de la sala.


–     ¿Qué pretendes? No te acerques a mí… ¡mi esposo está en el dormitorio!


–     Ya. Seguro que ya está en quinto sueño… ¿me equivoco?


Viendo que había acertado, me dice…


–     Pero también está el niño… tú hijo, recuerdas


–     Seguro que el angelito también duerme. Vamos suegrita, “sabe que me la voy a follar de nuevo”. Llevó días pensando en ello y de esta noche no se escapa. – Le dije de forma casi descarada y sin inmutarme lo más mínimo.


–     ¡Estás loco…! Sal de mi casa. ¡Esta vez gritaré si lo intentas! – Me amenaza.


–     Pues grite cuanto quiera. Pero le aseguro que ese coñito va a recibir mi tranca.


Ella, al ver mi cara de decisión, corrió y se metió en el dormitorio de su marido, intentando cerrar la puerta. Pero, aceleré el paso y logré introducir el pie, y tras un pequeño forcejeo logré entrar. En ese momento observé a mi suegro roncando sobre su cama, el cual evidentemente dado su estado se sedación. ¡Ni se había enterado! El somnífero lo dejaba casi drogado.


Entonces, decidido me fui acercando hasta mi suegra, y ella se queda cerca de la cama de su marido, quizás pensando que nunca me atrevería a propasarme estando su esposo delante. Pero, luego comprendió cuan equivocada estaba.


–     Debes salir fuera. – Me decía muy bajo, mirando soslayadamente el dormir de su esposo.


Llevaba tiempo sin echar un polvo, y encima hacía varios días que ni siquiera me había hecho una paja, por lo que mi testosterona estaba por la nubes. Así que, pesé a la presencia de mi suegro, me abrí la bragueta del pantalón y extraje mi cipote, mostrándoselo. Mi vástago mostraba una erección bastante potente, con las venas de mi daga bastante inflamadas por la presión, lo que le daba la apariencia de estar bien gruesa y retorcida hacia el techo de lo curvada que la tengo.


Ella me recriminó con la mirada, echándose la mano a la boca, al comprobar mi estado.


Me acerqué a ella, y tras unos pequeños forcejeos, la obligué a colocarse en plan perrito sobre la cama, mirando hacia su marido, y con decisión, pese a sus protestas, le subí la falda que llevaba, al tiempo que le bajé las bragas, las cuales cayeron al suelo. Me fije en aquellos muslos desnudos, y aquellas nalgas blancas, y mi excitación se incrementó varios grados.


Ella intentaba apartarse, pero yo la sujetaba para que no se moviera de aquella posición. No me lo pensé más, tome mi daga y la acerqué hasta colocarla entre sus piernas, alcanzando pronto el coño ya humedecido de la suegra. El calor de los labios de su chocho, me indujeron a penetrarla de una vez. Y así, de un golpe de riñones le alojé gran parte de la misma dentro de su cueva.


–     ¡Oh ohh.. nooo… por favor ohooo! – Exclamó muy bajito al sentir mi daga abriendo su vagina nuevamente.


Mi placer fue enorme. Sentir nuevamente el coño ardiente de mi suegra, con la tremenda calentura que llevaba, sin poder contenerme terminé por ensartarle el resto de verga hasta las mismas bolas.  Era algo alucinante. Tenía a mi suegra a cuatro patas con mi tranca en su coño, y ella contemplando el plácido dormir de su marido mientras era follada por su yerno, al que no mucho odiaba a muerte.


¡Joder suegra que caliente tiene ese coño! Se ve que tenía ganas ¿verdad? – Le decía muy cerca de su oído mientras la clavaba una y otra vez.


Mi polla estaba más endurecida que otras veces, y no paraba de taladrar su coño con verdadero énfasis, en un “chas, chas, chas” que salía de la unión de su encharcado coño y mi ariete engrosado.


–     Oh… por favor… no puedes continuar… Ohooo – Me decía muy bajito.


Pese a sus protestas, me di cuenta que mi suegra comenzó a disfrutar de aquella follada, a no tener otra salida que el goce. Para una mujer tan dominante como ella y orgullosa, sentirse sometida nuevamente, era obvio que la enfurecía, pero en el fondo percibía que disfrutaba de la follada como buena hembra… en el sexo es el macho alfa quien ordena y manda, y al hembra quien recibe. Tal es así, que pronto observé como era ella misma la que comenzó a realizar movimientos hacia atrás, reculando contra mí al encuentro de mi cuerpo, lo que hacía que mi polla le alcanzara más rápidamente toda la profundidad que se podía lograr.


–     ¡Oh cabrón ohoo!


Tras unos minutos en esa posición, noté como las paredes de su vagina comenzaron apretar mi tranca, constatando que la madre de mi esposa estaba a punto de alcanzar el clímax. Mi suegra se iba a correr como siempre ocurría tras unos cinco o seis minutos de follada profunda.


–     Vamos suegra… córrase a gusto. Vamos putita… quiero sentir cómo te corres… – dije un poco alto, sin pensar que pudiera ser escuchado por mi suegro, el cual yacía allí tendido sobre la cama roncando como un bendito.


–     oho nooo… ohoo cabrón ohoo – exclamó intentando contener sus gemidos.


Tras dejar que acabara, salí de ella, y la obligue a acostarse a los pies de la cama donde dormía su marido, para abriendo sus piernas en forma de tijera, meterme entre ellas. Contemplé su maravilloso coño arreglado como esperando esta situación. Aun en la penumbra de la habitación, los rayos de la luz exterior que entraban por las ventanas permitían tener una visión de los carnosos labios vaginales inflamados labios de su raja de mi suegra. Sin contemplaciones le envainé nuevamente mi tranca hasta la misma base. ¡Mi polla entró cual sable en su vaina!


–     ¡Oh cabrón oho noooo! – Exclamó al sentir la dureza de mi penetración, la cual percibí que le llegó bien adentro contra la pared del fondo de su coño en el cérvix.


Ella me miraba asombrada, viendo como comenzaba a taladrar su coño con fuertes, rápidas y profundas penetraciones que hacían moverse toda la cama, y que temía que pudieran despertar a su marido. Aunque este dormía plácidamente… aún se le oía roncar.


Tras varias arremetidas en esa posición, coloqué sus piernas sobre mis hombros y apoyando mi cuerpo sobre el suyo la obligue a abrirse completamente, con lo que mi nabo terminó de entrar como una perforadora en su cueva…


–     Joder, Lito… me vas a reventar  ohooo joder ohooo


Ella al rato se percató de que mi polla estaba a punto de descargar. Puso sus manos en mi pecho diciéndome con los ojos ensartados en los míos…


–     ¡Ni se te ocurra! Dentro no… ¡¿acaso quieres volver a preñarme?! Por favor hazlo fuera, en mis tetas, sobre mi coño o te haga una mamada y te corres en mi boca….


–     De verdad no la quiere dentro de su coñito, suegra. Tengo un buen cargamento para llenarla y a usted aún le queda muchas fuerzas para volver a parir… – Le dije morbosamente – ¡Está tan guapa con la pancita llena!


–     Hazlo fuera. No seas loco. Otra vez no quiero que me preñes… – Me dijo impotente.


Esta vez me lo pensé. No quería violentar de nuevo a mi suegra con otro posible embarazo por lo que decidí correrme fuera soltando mis lechadas sobre su vientre, su vulva y labios vaginales.


Tras terminar y ver cómo le había llenado todo de blanco con un mogollón de lefa, ella me dijo…


–     Sí que los tenías bien cargados. Me has pringado toda con un montón de leche espesa… ¡Joder cuanta lefa eyaculas, Lito!  ¿Y querías correrte dentro… se te ha ido la olla? Con todo ese arsenal de esperma me dejas preñada seguro. ¡Vaya animal estás hecho, cabrón! Nunca imaginé que un hombre eyaculase más que un semental equino.


Luego, tras asearme, regrese a mi casa, no sin antes, tocarle el trasero diciéndole…


–     Otro día de estos me la volveré a follar, pero esta vez perforaré ese perfecto coño para rellenarle el útero de lefa ¡Joder suegra está para preñarla otra vez!


Ella me mira como asustada, y me dice…


–     Anda… sal de una vez. Que si sigues eres capaz todavía de encularme o de volver a preñarme ¡Eres un macho insaciable! No me extraña que mi hija sufra de vaginitis tan a menudo… Con ese falo tu potencia sexual, me la tienes reventada a la pobre…

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