Me follo a mi cuñada en la casa de mis suegros
Si hay algo que me caracteriza, es mi facilidad pasmosa para sacar de quicio situaciones que van sobre ruedas. Soy una persona afortunada, con salud, un buen trabajo y esposa. No tengo problemas con ella, vivo a gusto y me encanta mi vida. Aún así me las he arreglado para darle un vuelco a todo y tener un problema de esos que no te dejan dormir. Y encima no le puedo echar la culpa a nadie, todita la responsabilidad es mía.
Esta historia comienza con una llamada que me hacen al trabajo. Viene de arriba, un ascenso, una buena noticia, un aumento de sueldo… pero tendré que viajar un poco. Estoy acomodado en una gran ciudad a 120 km de la ciudad natal de mi esposa. Ambos trabajamos aquí, trabajamos mucho por las mañanas pero tenemos tiempo libre por las tardes para nosotros.
La propuesta que me llega por teléfono es jugosa. El aumento de sueldo es sustancial, pero la contraparte es que un par de días por semana tendré que estar en la ciudad natal de mi pareja. Y tendré que estar bien temprano.
Llamo a mi esposa y contento le cuento la noticia. Ella está encantada, me dice que no hay problema con el viaje y llama de inmediato a su familia. Antes de la comida, está todo arreglado, viajaré a la ciudad de mi esposa y dos noches a la semana dormiré en la casa de mis suegros, donde viven éstos con su hija pequeña, mi cuñada. De ese modo, me despertaré e iré directo al trabajo, sin viajar a horas intempestivas de la mañana.
Esa noche lo celebramos a lo grande mi esposa y yo. Ella es muy guapa, con un largo pelo ondulado castaño, unos ojos preciosos y una boca con labios bien gordos. Usa gafas y tiene varios piercings. Es algo regordeta pero en absoluto es algo negativo, sus tetas son enormes y me encanta jugar con ellas. Lo malo es que con ella el sexo es bastante tradicional. Al llegar a la cama, inmediatamente baja a comerme la polla. No siempre me la come, pero desde luego es un día especial. No puede con mi polla, es larga y gorda, en ese aspecto también soy afortunado. Después de dejármela bien llena de babas, me pide que la folle y me pide que pase de ponerme el condón. Me tumbo sobre ella y le clavo la polla despacio pero sin pausa, hasta que mis cojones tocan su perineo.
Echado como estoy sobre ella oigo los gemidos que le arranco de la boca en mi oreja. Noto su aliento y bombeo más rápido. Cuando ya estoy a punto de correrme, ella me pide que pare, como si lo supiese. Se pone encima y mueve su cadera con la polla metida hasta dentro. La mueve suave, en círculos. Me coge una mano y la lleva a sus tetas y con la otra juega con su clítoris. Mi polla está durísima y no sale ni por un segundo de su coño que noto chorrear por cada uno de sus pelos.
Ya no sé si son sus babas o su flujo, pero tengo los huevos encharcados y su cabalgata cada vez tiene más ritmo. Sus jadeos se entrecortan, su mano va tan rápido en su coño que tendría que estar doliéndole. Por último, su cuerpo se arquea hacia atrás y grita fuerte mientras noto el temblor en sus piernas.
Joder, qué bueno - es el susurro que sale de sus labios.
Se baja, despacio y sonriéndome. Se pone a cuatro patas. Su culo enorme me está pidiendo que la meta. Entre sus nalgas se ve el coño y los pelos de su pubis chorreando.
Córrete, por fa - me pide mirándo hacia atrás.
No puedo resistirme y bombeo todo lo fuerte que puedo, mientras oigo sus gemidos e intento agarrar sus enormes tetas en cada una de las embestidas. Me duelen los huevos de hacerlos chocar contra ella, pero estoy a punto de correrme y no puedo parar. Cuando siento el punto de no retorno, saco mi polla entre los gemidos de mi esposa y me corro en su culo. El primer lechazo le llega al pelo, joder. Poco a poco, mi corrida va perdiendo presión y completo el caminito en su espalda hasta llegar a su culo, donde descansa la mayor parte de la lefa.
¿No hay queja, no? Aumento y polvo el mismo día. El problema es que aquí empieza el descarrilamiento que os anticipaba. En las siguientes semanas, el cansancio de la nueva rutina hizo algo de mella en nostros y cada vez pasábamos menos tiempo juntos, no digamos ya en la cama. Los polvos fueron cada vez más esporádicos y al cabo de seis meses de aceptar el ascenso, miré en retrospectiva para darme cuenta, con horror, de que llevaba un mes sin follar. No había ningún problema, simplemente no tenía ganas, sería una fase. No lo sé.
Por otro lado, el trabajo nuevo iba bien y estábamos progresando en nuestros objetivos. Las noches que pasaba en casa de mis suegros eran muy agradables, ellos se ocupaban de todo. Además, compartía bastantes gustos con mi cuñada y pasábamos las horas hablando. La verdad es que nunca había intimado casi nada con ella, y ahora estaba conociéndola y llevándome una grata sorpresa.
Se parecía mucho a su hermana, con los labios carnosos, los ojos preciosos. Hasta en las gafas y los piercings se parecía. Sin embargo, ella llevaba el pelo teñido de rojo y liso. Era más delgada que su hermana, pero tenía las mismas tetas y un culo redondo y firme. Solía ir por casa con camiseta y bragas, y joder, no podía dejar de mirarle el culo.
A pesar de esto, en los inicios no veía a mi cuñada desde un punto de vista sexual. Tampoco hubo un punto de catarsis en el que mi vida cambiase y me convirtiese en un sátiro con ella. Simple y llanamente nuestras conversaciones y conexión junto con su culo y su leve y no intencionado exhibicionismo, me hicieron fijarme más y más en ella, hasta el punto de vivir empalmado en casa de mis suegros.
Y es después de esos seis meses desde mi ascenso, con un mes de celibato involuntario a mis espaldas, que me planto en casa de mis suegros como todas las semanas para ir a trabajar el día siguiente y acabo de noche en el cuarto de mi cuñada hablando con ella mientras mis suegros duermen en el cuarto de al lado.
No soy capaz de recordar los derroteros de la conversación, pero sí que puedo poner en pie que, en un momento dado, me confiesa con mucha vergüenza su virginidad.
¡Venga ya! - grito susurrando - Si tienes 26 años y estás… y eres muy guapa.
Ella se sonroja, claramente avergonzada.
Bueno, todos tenemos taras y las mías igual son evidentes para los tíos con los que me intento liar - aparta un poco la mirada mirando la cama.
Laura - le interpelo para que alce la vista y me mire - no tienes por qué avergonzarte. Cada persona tiene sus tiempos. Me ha sorprendido porque pienso que los tíos con los que te intentas liar, son un poco estúpidos.
Ella me sonríe.
Además, yo estoy ahora como tú. Tu hermana no quiere tocarme ni con un palo - digo en broma, tratando de desviar la atención.
Jajaja, si ya… - dice incrédula.
Es en serio, Laura, llevaremos como un mes sin hacer nada. Supongo que será una etapa, por el trabajo y demás…
Estáis locos, si yo pudiese, follaría todos los días - dice entre risas.
Anda que no estás tu caliente…
No te haces una idea.
No recuerdo más de la conversación, pero sí recuerdo el empalme que tuve mientras hablaba con ella. Esa noche me costó algo de trabajo dormir, pero la vida continuó, así como mi abstinencia sexual.
Durante la siguiente semana, tengo la cabeza puesta en la casa de mis suegros y todas mis ensoñaciones despiertas van dirigidas a elaborar planes con los que emular la morbosa conversación que tuve con mi cuñada. Por primera vez en el periodo de abstinencia, no voy detrás de mi esposa para follar, la dejo tranquila.
El lunes, con más ansia de la que estoy dispuesto a aceptar, viajo de vuelta a casa de mis suegros, pero, como un jarro de agua fría, descubro que mi cuñada ha salido con unos amigos. Tras cenar con mis suegros, me meto en mi cuarto con la puerta entreabierta y leo algún libro sentado en la cama. Estoy a punto de cerrar el libro para irme a dormir, y entonces aparece ella. La oigo trastabillar por las escaleras, también oigo una risilla mientras se quita los tacones.
Asomo la cabeza por la puerta y la veo llegar a la puerta de su habitación, completamente maquillada con los labios muy rojos. El vestido negro le llega por el muslo y cuando llego al escote se me abren los ojos como platos. Hay unas gotitas de sudor en su canalillo que hacen que mi polla pegue un respingo y el olor de su perfume llega rápidamente a mis fosas nasales.
Ssssh - me dice entre risas - me he tomado dos copas.
Ya veo, ya - digo sin quitarle ojo - anda, ve a dormir.
Me quedo mirando mientras abre su puerta y se mete dentro de su habitación y tras unos segundos, decido cerrar la mía. En ese momento oigo un "chssst". Suspiro y abro de nuevo la puerta.
¡Cuñi, ven!
Entallo mi polla con la goma elástica del pantalón del pijama para ocultar mi erección, resoplo y llevo mi mano a mi cara, tapándola. Entonces entro en su habitación.
Dime - digo con un leve toque de resignación.
Que no hemos hablado, ¿qué tal la semana? ¿sigues sin follar?
Pego un leve salto de sorpresa. Ella nunca es tan directa en las formas de hablar. Supongo que el par de copas que estoy oliendo en su aliento a pesar de estar a varios metros, le ha soltado la lengua.
Pues sí, Laura, espero que tú me hayas llamado a mi para decirme que hoy ha sido tu noche - le sonrío, esperando sonsacarle algo de información.
Ella me responde con una carcajada. Una carcajada un poco alta teniendo en cuenta la hora que es y que sus padres duermen cerca.
Lo intenté, pero siempre me rechazan - pone unos pucheros que pretenden ser exageraciones, pero que yo sé que son más reales de lo que ella quiere dejar traslucir.
Ah, ¿si? - me siento en el borde de la cama - ¿y cómo lo has intentado?
Ella está sentada en la cama pero sin haberse quitado el vestido y yo estoy aprovechando cada minuto de conversación para repasarla con la mirada. Se cruza de piernas dejando en la penumbra su sexo. No alcanzo a ver bien su ropa interior, pero mi polla pega un respingo.
Pues he estado muy cariñosa con él, le he sacado a bailar, me he pegado en el baile y le hablaba muy cerca con la excusa de la música.
Le he notado empalmado, y durante un tiempo me estaba siguiendo el juego, pero cuando ha llegado Sonia se ha puesto más serio y se ha distanciado. Yo creo que quiere algo con ella y le da miedo perder esa oportunidad por estar cariñoso conmigo. No sé que le ha visto, la verdad, esa muchacha no tiene nada.
Mi cuñada no suele hablar tanto y escucho su perorata mientras sigo desnudándola con la mirada.
Joder, menudo imbécil el chaval. No conozco a la tal Sonia, pero…
El imbécil me ha dejado super caliente - dice Laura.
En ese momento me fijo en sus piernas y me doy cuenta de que en algún momento de la conversación, ella se ha arropado hasta la cintura. Cuando oigo lo que dice, resoplo.
¿Qué ibas a decir? No conoces a Sonia pero… - me contesta Laura mirándome.
Mírate, Laura, eres guapísima - le miro el escote de manera prácticamente involuntaria - con esos labios rojos dan ganas de besarte.
Noto que bajo las sábanas algo empieza a moverse.
Pero no me estabas mirando los labios cuando has dicho eso - dice riendo.
No… bueno… es que, ehh, tienes muchas cosas buenas.
¿Te gusta mi escote? - me dice de manera directa mientras el movimiento debajo de la sábana se hace completamente evidente y sube la intensidad de la respiración.
Asiento, despacio, sin decir nada.
Necesito deshaogarme, espero que no te moleste - su respiración agitada, ahora mismo se parece mucho a un jadeo.
¿Qui… quieres que me vaya? - digo totalmente parado y con el corazón palpitando.
Ella niega con la cabeza mientras solo se oyen sus jadeos en la habitación.
Tú… tú también… puedes… si quieres… - dice resollando cada pocas palabras.
Empiezo a acariciar mi polla por encima del pantalón del pijama mientras la miro.